Elena Torres, teleprensa.com Almería
Más allá del falso rifirrafe sobre quien ha ganado el debate entre los dos partidos que hasta ahora se han dado el relevo en La Moncloa y se la juegan el próximo día 20, -ya que se aventura pueden diluirse en un juego a cuatro-, lo cierto es que el formato elegido por Mariano Rajoy, el único en el que va a participar, el ‘clásico’, ha sido muy diferente a lo vivido en anteriores preliminares de elecciones generales.
El socialista Pedro Sánchez salió con energía y no escatimó esfuerzos por envolver la legislatura de Rajoy en lo que ha sido: cuatro años de continuos sobresaltos sobre escándalos de corrupción, en la que los más gordos los han protagonizado siempre políticos de las filas del PP y no precisamente cargos menores sino aquellos que más alto han llegado representando a España. Una corrupción de la que no se ha librado el propio partido de derechas a pesar de sus intentos primero deshaciéndose de un disco duro y luego desligándose ‘en diferido’, meses después de que saltase a la prensa, del que fuera su tesorero, y que nos mostró las cuentas en b de la formación. Un partido que, desgraciadamente, está presidido y también cuando saltó todo este infumable asunto, por la misma persona que ha gobernado nuestro país. Es lo que tiene querer acaparar el máximo poder en el partido y además pretender compatibilizarlo con el máximo cargo político.
Por eso, que Sánchez llamara ‘indecente’ a Rajoy es un mal menor y no entiendo que alguien se eche las manos a la cabeza cuando este debate era la única oportunidad de poder decir al presidente en funciones a la cara lo que muchos piensan de él. No olvidemos que el PP ha gobernado con mayoría absoluta, -plantear una moción de censura era un inutilidad en si misma y un desgaste innecesario para el primer partido de la oposición-, y lo ha hecho a espaldas de todos y de todo, sin apenas rendir cuentas o soltando peroratas sin debate alguno.
Aunque el PSOE tenga sus manchas de corrupción, Pedro Sánchez lleva apenas año y medio en el partido y a su manera ha empezado a dar ‘aire’ a todo lo que pueda olerle mal. Pretender devolverle la pelota con el caso ERE no tiene ningún sentido pues pertenece a otra época y lo que tenga que ser será. Sin embargo, los casos puestos sobre la mesa pertenecen al presente y al mandato de Rajoy en su partido y en su país (los recortes y las reformas que merman derechos fue el otro gran asunto).
Frente a la energía del joven socialista se pudo ver el lado más ‘anciano’ y débil de un candidato que quiere hacer valer sus 30 años en política y encima asegurar que no está en esto para ganar dinero. Ya está bien de tanto cuento.
