jueves. 04.06.2026

Elena Torres, teleprensa.com Almería

Más allá del falso rifirrafe sobre quien ha ganado el debate entre los dos partidos que hasta ahora se han dado el relevo en La Moncloa y se la juegan el próximo día 20, -ya que se aventura pueden diluirse en un juego a cuatro-, lo cierto es que el formato elegido por Mariano Rajoy, el único en el que va a participar, el ‘clásico’, ha sido muy diferente a lo vivido en anteriores preliminares de elecciones generales.

El socialista Pedro Sánchez salió con energía y no escatimó esfuerzos por envolver la legislatura de Rajoy en lo que ha sido: cuatro años de continuos sobresaltos sobre escándalos de corrupción, en la que los más gordos los han protagonizado siempre políticos de las filas del PP y no precisamente  cargos menores sino aquellos que más alto han llegado representando a España. Una corrupción de la que no se ha librado el propio partido de derechas a pesar de sus intentos primero deshaciéndose de un disco duro y luego desligándose ‘en diferido’, meses después de que saltase a la prensa, del que fuera su tesorero, y que nos mostró las cuentas en b de la formación. Un partido que, desgraciadamente, está presidido y también cuando saltó todo este infumable asunto, por la misma persona que ha gobernado nuestro país. Es lo que tiene querer acaparar el máximo poder en el partido y además pretender compatibilizarlo con el máximo cargo político.

Por eso, que Sánchez llamara ‘indecente’ a Rajoy es un mal menor y no entiendo que alguien se eche las manos a la cabeza cuando este debate era la única oportunidad de poder decir al presidente en funciones a la cara lo que muchos piensan de él. No olvidemos que el PP ha gobernado con mayoría absoluta, -plantear una moción de censura era un inutilidad en si misma y un desgaste innecesario para el primer partido de la oposición-, y lo ha hecho a espaldas de todos y de todo, sin apenas rendir cuentas o soltando peroratas sin debate alguno.

Aunque el PSOE tenga sus manchas de corrupción, Pedro Sánchez lleva apenas año y medio en el partido y a su manera ha empezado a dar ‘aire’ a todo lo que pueda  olerle mal. Pretender devolverle la pelota con el caso ERE no tiene ningún sentido pues pertenece a otra época y lo que tenga que ser será. Sin embargo, los casos puestos sobre la mesa pertenecen al presente y al mandato de Rajoy en su partido y en su país (los recortes y las reformas que merman derechos fue el otro gran asunto). 

Frente a la energía del joven socialista se pudo ver el lado más ‘anciano’ y débil de un candidato que quiere hacer valer sus 30 años en política y encima asegurar que no está en esto para ganar dinero. Ya está bien de tanto cuento. 

La corrupción, el eje del debate
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