Elena Torres, teleprensa.com Almería
La Organización Mundial de la Salud con su informe sobre las carnes rojas y procesadas, -éstas últimas las ha declarado cancerígenas y las incluye en el grupo del tabaco o el alcohol-, lejos de meter miedo en el cuerpo parece haber despertado en todos el desprecio hacia a un organismo del que ya se pone en duda su ‘capacidad’.
Tras recibir con desconcierto la información y después de procesarla enseguida se encontró la razón de este ‘sinsentido’: los grupos de poder interesados en ‘frenar’ esta industria. Ya se sabe, las Navidades están a la vuelta de la esquina. El mismo presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, rebajaba la importancia del informe como ya hiciera días atrás con el pronunciamiento de Bruselas con respecto a unos presupuestos ‘demasiado optimistas’ y que obligarán al Gobierno que salga el 20D a modificarlos.
Así las cosas, parece que no hay organismo por muy internacional que sea con la suficiente solvencia como para imponer su análisis por muy ‘objetivo’ que éste sea.
A estas alturas teníamos claro el descrédito que sufren los políticos, los medios de comunicación, los tribunales de justicia o la misma Corona pero no habíamos visto cómo desde el mismo poder se desprestigia a organismos ‘superiores’ para dar validez a nuestra forma de hacer. El problema vendrá cuando quien ahora desmerece estos informes quiera en un futuro arremeter contra su rival usando como argumento los análisis que en un futuro se realicen desde estas instancias. Flaco favor nos hacemos si en este mundo globalizado ponemos en marcha mecanismos a los que hacemos oídos sordos cuando no nos gusta lo que nos cuentan.
