A nuestros políticos locales les gustan los títulos. Les gusta que los premien. Claro que esto es de cara a la galería porque estos premios, en muchas ocasiones por no decir siempre, están comprados. No siempre directamente, no se trata de que los adquieran como uno se hace con el pan cada mañana, sino que son fruto de ese yo te doy si tu me das.
Durante varios años, Almería ostentó aquella bochornosa escoba de oro, se supone que concedida por su alto grado de limpieza. Pero aquello no coló y sucedió como con ‘El traje nuevo del emperador’, la gente no se creía que esta ciudad fuera una de las más limpias, por mucho premio que le otorgaran, y empezó a reír por la estupidez de tener un ‘título’ que no se correspondía con la realidad. Así que esos premios también dejaron de entregarse.
Pasan los años, y muy poquito se ha avanzado en este aspecto. La limpieza, o mejor, la suciedad es lo que tiene más aburrido al ciudadano. Una suciedad que en días ventiscos, que en esta tierra son demasiadas veces, avergüenza aún más si cabe hasta al menos aseado.
Nuestro ayuntamiento capitalino que no termina de darnos una solución en este aspecto vital, sin embargo, está dando pasos más largos, pretencioso él, ahora se enzarza en ‘trabajar’ por conseguir ser la ‘ciudad más eco’. Menudo marrón. Por cierto, la llegada de estos contenedores llega bien tarde con respecto a otras ciudades y de forma muy sigilosa ya que se empieza a implantar en apenas tres barrios de la ciudad y se da de margen año y medio para extenderlo, es decir, la fecha límite ya que las directivas europeas obligan a que su puesta en marcha concluya en diciembre de 2023 . Lo cierto es que el tema reciclaje dista mucho de ser algo interiorizado por este equipo de gobierno. Uno está harto de hacer encaje de bolillos en casa para distinguir el vidrio del cartón, éste del brick, el orgánico, las cápsulas de café, ¡por fin!, el aceite… y encontrarse con que cuando acude al punto de recogida de basura tiene también que marcarse una ruta para poder depositar cada cosa en su sitio, eso o al final depositarlo todo en un único contenedor y 'santas pascuas'. Desde luego cómodo, no nos lo ponen.
Así que resulta especialmente molesto que las campañas del ayuntamiento en materia de limpieza y reciclaje carguen todo el peso en el vecino, al que recuerdan que debe recoger no sólo los excrementos de su perro sino también tapar su pipí bajo la amenaza de multa, mientras el ciudadano se ve maniatado a la hora de exigir con la misma diligencia el papel que su administración debería tener en todo este asunto.
No obstante, como digo, en esta tierra se saca pecho de todo y ahora animamos al personal, desde la administración resulta irrisorio, a que presente sus mejores propuestas en protección medioambiental a ver si así ganamos el título de ‘ciudad más eco’.
