domingo. 16.06.2024

Toda España habla de una carta del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que la abrumadora mayor parte de la población ni tan siquiera se ha molestado en leer. Somos así de vagos e impresentables, y sólo por eso yo le diría al autor de la misiva: Vete. No merecemos la pena. 

En este país todavía los hay que en las barras de bar, verdaderas ágoras de neo intelectos, mantienen que un presidente busca llegar ahí por el sueldo, y que se apega al sillón por mantenerlo. 

Vete, sal corriendo.

Huye y así, sólo así, aprenderemos un poco. 

Deja que lo hagan otros. Que venga Feijóo a poner paz en Cataluña y que la mayoría se la de Vox. Volvamos ya no a la inestabilidad, sino la guerra territorial, porque con derecha y extrema derecha en la Moncloa ¿Alguien cree los vascos iban a tardar más de dos días en decir ahí os quedáis?

Vete y no mires atrás. 

Total, el sueldo lo tienes ya de por vida, y bien ganado. Puedes hasta ver los toros desde la barrera, tomando mojitos en Miami, mientras los bancos lloran por los beneficios que dejan de percibir a consecuencia de la inestabilidad política del país.

Ni una lágrima cuando estos jóvenes cuarentones que a las ocho de la tarde ya han terminado su hora y media de pádel, se den de bruces con una nueva reforma laboral en la que el despido salga barato. Cuando los jubilados vean que vuelven a ser los pagafantas del margen que sí o sí se tienen que llevar otros.

Si este país no es capaz de ver lo que se ha logrado en seis años, con una pandemia y una guerra de por medio, sencillamente adéu, agur. No vale la pena.

Nadie, salvo que lo hayas sufrido en tus carnes sabe lo que es que ataquen a tu mujer para hacerte daño a ti, para quitarte de en medio, para evitar que hagas sombra a las pretensiones de otro. Yo lo he vivido. Sí, se lo que se siente, pero si tuviese el cuerpo de Sánchez y su pensión vitalicia me compraba una máquina que me pegase una colleja cada vez que se me pasase por la cabeza un pensamiento semejante a “por esto si vale la pena luchar”.

Hoy es el día en el que tenemos que vernos realmente las caras.

Hay dos opciones. La primera es derecha con extrema derecha y la otra es el resto. Y toca salir a la calle.

Dar una respuesta incontestable en las plazas, en las puertas de las sedes de los partidos políticos, de todos, en defensa de la verdadera democracia, que es esa que configuran las mayorías.

Respecto al PSOE, tienen que decidir ya, de una vez por todas, dónde están sus bases, sus cargos políticos, cada concejal de cada pueblo y hacerse ver. Hacerse notar, sin miedo, sin vergüenza, vistiendo la camiseta de su partido y enarbolando su bandera, recordando lo que un día fueron y cuarenta años después les quitó la derecha: un partido que hacía calle.

El problema fundamental es que este PSOE heredado de décadas de gobiernos no tiene mala leche. Se han acomodado y no saben maniobrar políticamente con maldad y eso, junto a las leches en vinagre de que va contra sus valores, los convierte en rehenes de quienes tienen por principios los billetes de 200 euros. Y en una guerra donde unos disparan con Winchester y otros con arcos y flechas se pueden ganar o perder algunas batallas, pero todos sabemos perfectamente quién se lleva el triunfo final. Y ojito que de ahí viene la expresión de hacer el indio.

Si no fuese porque es vital que Sánchez no se marche por nuestra propia estabilidad, le animaría a que dejase la Moncloa en manos de Teresa Rivera y que una de las mujeres más brillantes de este país fuese la primera presidenta de un Gobierno de España. Ahora bien, a cambio de que Sánchez encabezase la lista de las eurpeas y luchase por la presidencia de la Comisión Europea. Eso sí sería un golpe del carajo.

Por cierto, el PP se la juega todo a una carta, porque como no demuestren en 48 horas con pruebas irrefutables que la mujer de Sánchez es una verdadera villana, habrán generado en la figura del presidente Sánchez un mártir de proporciones titánicas.

Y si se va Sánchez
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