Javier Salvador. Periodista
Cualquier persona que compre una vivienda por más de 160.000 euros en España podrá tener permiso de residencia. Bueno, la medida generará debate, pero me declaro frontalmente favorable a esta iniciativa porque, en el fondo, no es tan mala y servirá para que España sea mirada con ojos mucho más interesados a partir de ahora. Muchos dirán, y puede que tengan razón, que con este tipo de decisiones no se hace otra cosa que parchear, pero seamos sensatos, al final quien quiere entrar entra y no está mal que por una vez les abramos la puerta pero, eso sí, poniendo una tasa de entrada.
Faltan muchas cosas por saber, como por ejemplo si las viviendas que vendan los bancos a estos nuestros clientes obligarán a estas entidades a rescatar del banco malo viviendas por el mismo importe que el obtenido en las nuevas transacciones en las que entre en juego el permiso de residencia, o si las inmobiliarias o promotoras tendrán ciertas ventajas en este plan del Gobierno, que no lo creo.
Lo que sí es cierto es que los bancos más internacionalizados tienen una oportunidad de oro para convertirse en agencias inmobiliarias en el extranjero, así como que tendrán que añadir a su cartera de servicios la gestión del permiso de residencia.
También habrá que aclarar cuántas personas por casa vamos a aceptar y claro, algunos utilizarán esta medida para poder colar a cuantos puedan, pues al final alguno encontrará la manera de hacer la trampa y les aseguro, -pondría la mano en el fuego-, que no será ruso ni chino, sino español, porque solemos ser nuestro peor enemigo y eso siempre es así a lo largo de nuestra historia.
Verán, a lo largo de los últimos años hemos hecho tan mal las cosas que además de creernos que aquellos que nos advertían de lo que venía eran unos pobres envidiosos, nos hemos tirado tres años esperando a que las soluciones llegaran caídas del cielo, porque era imposible pasar de ganar tanto dinero a no tener nada. Y pasamos de ver a los mileuristas como un problema nacional, por lo poco que cobraban esos chiquillos, a darnos cuenta de que mil euros es un sueldo al que no es tan fácil llegar.
La medida, resumiendo, me parece buena. Me da miedo, no obstante, que unos pocos allegados se pingan las botas mientras el resto se quede a dos velas.
Me temo que unos pocos con contactos políticos buscarán la forma para hacerse con enormes carteras de viviendas de terceros para darles salida a cambio de jugosas comisiones. Pero saben lo que les digo, que ni me parece mal.
Esta crisis la hemos hecho más gorda de lo que es por nuestra dependencia del ladrillo, así que sólo queda como remedio meternos nuevas dosis de esa droga para, poco a poco, desengancharnos de una manera menos traumática.
Ahora bien, lo que me da realmente pánico es que los ayuntamiento vuelvan a perder la cabeza dando licencias y liberando suelo para construir más viviendas en previsión a esa demanda futura, que estoy seguro que llegará porque el efecto llamada puede ser brutal.
Y ojo, aquí es donde el Gobierno puede dar muestras de que no hay gato encerrado en esta medida, porque lo lógico es que se endurezca la liberalización de suelo hasta que el stock de viviendas baje considerablemente.
