jueves. 04.06.2026

Javier A. Salvador, teleprensa.com

A los españoles nos gusta tanto la carnaza que nos dejamos por el camino cosas que realmente nos deberían importar. Por ejemplo, el silencio de los partidos a partir del segundo día después de las elecciones presagia un verano caliente a la espera de que se forme gobierno, pero ¿qué gobierno  puede salir de esta especie de pacto juego al escondite? Pues seguro que será algo tan asombroso que esperarán que la relajación de una España a medio gas y ahora con el horizonte puesto en las vacaciones de verano, olvide o al menos trague mejor a ritmo de cañitas en una terraza de verano. 

En España sigue habiendo una mayoría de ciudadanos que votan a la izquierda, pero la derecha ha dado una lección táctica que va a ser difícil de olvidar. La teoría de la muerte por ego se ha cumplido: cuando más alto se sube, más dura es la caída. Aunque toda teoría no escrita tiene al mismo tiempo una facilidad de reversión terriblemente inflamable y Podemos es, digámoslo así, una caja de cerillas andante.

El PP ha ganado las elecciones, exactamente igual que en el mes de diciembre. Tiene el mismo derecho que en enero a formar gobierno, pero es consciente de que en la primera votación no saldrá como mero aviso de lo que puede ser esta legislatura.

Si Ciudadanos, PNV y Coalición Canaria votan a la primera de cambio a favor de la continuidad de Mariano Rajoy, sería como hacer una convocatoria a la inmolación en la plaza del pueblo, algo que los vascos no se pueden permitir con sus inminentes elecciones autonómicas.

Ciudadanos ha perdido los votos que tenía más cercanos al PP, dicho de otra forma, han vuelto a casa, que será más o menos lo que pasará al PSOE si juega bien sus cartas en la crisis de Podemos, y claro, para llegar a ese objetivo no puede tomar el camino de facilitar al jefe de Fernández Díaz, Rato, Barberá, y tantos otros, cuatro años en La Moncloa.

El problema de estas elecciones es que han dejado al país al filo del bipartidismo absoluto y eso requiere una reflexión casi tan dura y generosa con las ideas y los valores. Ahora bien, si optásemos por el pragmatismo a lo Charles Sanders Pierce y William James, nos llevaría a la imperiosa necesidad de contar con un gobierno, si ¿pero a costa de cualquier cosa?

Lo que sí está claro en este momento de la partida es que el silencio de los grupos después de radiarnos cada movimiento en el episodio de enero no es el mejor de los escenarios, porque en un país en el que se hace pública la lista de deudores a Hacienda para darle carnaza al pueblo mientras se gana tiempo, pero no se habla de gobierno, empieza a oler demasiado a alcantarilla.

En un país en el que no se pone como condición la inmediata dimisión del ministro del interior grabado mientras urdía cómo utilizar las herramientas del Estado para aplastar a sus enemigos políticos, y que ésta se produzca antes de asistir a cualquier reunión de negociación y sea cual sea su resultado, el olor a alcantarilla ya no es pasajero, sino que se impregna en la ropa.

Ahora lo difícil no es aceptar que el PP ha ganado las elecciones, sino maniobrar sin traicionar las ideas de base, los programas electorales y sin herir al resto de millones de votantes para que, además, no gane la partida.

Democracia es lo que ocurrió el pasado 26J, con todos sus puntos y comas, pero sumar para conseguir la investidura no puede pasar por tomar prestado lo que sencillamente no se ha ganado, que es la voluntad de la mayoría.

Vale, el PP ha ganado, y qué
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