jueves. 04.06.2026

Javier A. Salvador, teleprensa.es

Los resultados electorales se pueden interpretar de muchas maneras y eso ya lo advertimos hace unos días, pero también eran previsibles si te situabas en la realidad de la calle. Había una revolución en marcha, pero necesitaba un “si” en las urnas.

Verán, si en la tele ves que los mítines se han  convertido en cenas de jubilados ponte a temblar, y si al mismo tiempo ves que otros aglutinan gente en las plazas y son capaces de montar un acto espontáneo en mitad de la calle y que, por arte de magia, decenas de asistentes retuiteen lo que ocurre para que al final sean cientos los que sigan lo que allí ocurre, sencillamente prepárate para enfrentarte a algo desconocido para el statu quo de hace unas semanas porque te han ocupado las esquinas estratégicas de tu audiencia.

Algo ha cambiado. No mucho, pero sí lo suficiente para marcar un camino. Lo dijo Ortega y Gasset en El tema de nuestro tiempo : “el revolucionario no se rebela contra los abusos, sino contra los usos”, y estaba claro que de alguna manera se iba a poner fin a esta barra libre de despotismo y prepotencia.

Hace unos días en un almuerzo de trabajo con un verdadero experto en esto del análisis electoral y las estrategias de campaña, hacíamos nuestras quinielas sobre ese 25M que podía suponer nada o todo y, al final lo ha sido todo porque sencillamente han abierto las puertas al campo. Ya no se trata del fenómeno Podemos, que es casi tan ilusionante como impactante. Hay mucho más.

Se veía venir que al PP en esta ocasión le fallaría su base electoral y que en esas provincias de enormes distancias, como la misma Almería en la que yo vivo, la corrupción sabida pero no judicializada iba a pasar una factura enorme. Un apunte o particular aviso a navegantes en este sentido, la gente no es tonta, y los secretos a voces sobre corruptelas ahora sí restan ya sean hispanas, de Almería o vengan todas juntas.

Era evidente que el PSOE se iba a quedar a las puertas, pero el peor de los escenarios que podía tener el PP auguraba precisamente el que se ha dado, con Andalucía y Extremadura en manos de los socialistas y tomando distancia. Y a eso suma que en las autonomías más activas políticamente por llamarlas de alguna manera, como Catalunya y Euskadi, ganan de calle aquellos a los que el Gobierno ha intentado criminalizar en estos dos últimos años vía kamikazes del tipo González Pons. Sencillamente muy mala estrategia.

Guste o no tanto en el PP como en el PSOE, se produce un fenómeno que puede generar un punto de partida distinto al de ese desparrame o mapa anárquico que muchos intentarán pintar para asustar a la base electoral por el desmoronamiento del rancio bipartidismo. Se trata del nacimiento de un importante liderazgo en uno de esos partidos, concretamente en el PSOE y en Andalucía ¿Un nuevo Felipe con faldas y a lo loco? Pues sí, si alguien ha ganado algo en este proceso además de Podemos, es Susana Díaz y tiene pinta de ser, desde las once de la noche del domingo 25 de Mayo de 2014,  el nombre de la primera mujer con serias opciones de llegar a La Moncloa.  Y es sencillo hacer una afirmación como ésta sin miedo a equivocarse. Me explico.

Los próximos gobiernos de España y de las distintas autonomías van a ser de coalición, y en esos escenarios el PP no existe por ahora. De otro lado los partidos emergentes tienen aún que reordenarse a pesar a los buenos resultados que han obtenido todos. Tanto IU como UPyD deben entender que la renovación política no va de cambios de colores o de vivir  de eso que pierden otros. No. Necesitan cambiar caras y, lo quieran o no, rebajar la media de edad de sus candidatos. No me refiero  a la fecha de nacimiento, sino a la de años que lleven en política, pero ellos saben que si no lo hacen Podemos o cualquier otro les sacará de la carrera.

Cambiar, renovar, es poner en el banquillo a esos que durante los 10 últimos años han  cobrado de lo público y, sencillamente, no han hecho nada por ayudar a salir de esta crisis de valores.

Sí, ha comenzado una nueva revolución. Estoy convencido de ello.

Un “si” a la revolución
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