jueves. 04.06.2026

Javier Salvador, @tpjsalvador

Hablar, hasta ahora, del puerto ciudad en Almería era como hacerlo del soterramiento del ferrocarril, una obra de la que ya se hacían alabanzas antes incluso del Ave (que lleva 1864 días parado) y que, para mas coña, tiene empresa propia formada desde hace más de siete años, capital social creo que de unos 100.000 euros desembolsados entre todos los que pagamos impuestos y con reconocidos e insignes gestores al frente del tipo al alcalde de la ciudad, su concejal de urbanismo y otros muchos, también de administraciones en manos de los socialistas. Pero lo que me preocupa de todo esto es que el Ayuntamiento de Almería ha puesto su ojo en la presa más fácil, es decir, el muelle francés, el último de los cargaderos de mineral de hierro operativo en Almería. Ya hace muchos años, y desde esta misma columna, era de los que abogaba por convertir ese muelle en un espigón de paseo, por el que la gente no pudiese sólo pasear, sino que hasta estuviese autorizada la pesca con caña porque es una imagen que no molesta a nadie, se trata de un deporte con muchos seguidores en Almería,- yo no estoy entre ellos así que no defiendo una postura personal-, y a los lugares o les das un uso compartido o terminan marchitándose.


Obviamente el Ayuntamiento de Almería sabe que es una inversión de cuatro euros, de las que a ellos les gustan. Pintar un parque, remendar un puente y cosas así, sobre todo en lugares por los que pasa mucha gente para que parezca que hacen algo mientras que las grandes infraestructuras, las carencias estratégicas, siguen en el cajón del olvido. Es como si vas una tarde, tirando a noche, y te encuentras a seis agentes de policía local en la plaza de San Pedro, cuatro mas en el Paseo de Almería y dos de añadido en la plaza circular mientras que en los barrios en los que realmente reclaman presencia policial por problemas de seguridad ciudadana no los ves, digamos, con tanta frecuencia.


Pero los nuevos aires en la autoridad portuaria pueden suponer una oportunidad para que el diseño del puerto ciudad sea para el ciudadano, y no hecho a la medida de los intereses urbanísticos y de aquellos a los que quieras dar una licencia de bar o restaurante, que ya los hay que desde hace un año se saben  ganadores del concurso.


Y tengo ciertas esperanzas en ello por una frase leída al vuelo en la que el puerto vincula todos esos acuerdos de buen rollito a algo a lo que los socialistas nunca han renunciado, que es la conexión ferroviaria con el muelle.


Se solucione como se solucione, lo que está claro es que si nos ponemos a meterle mano a la recuperación de viejas infraestructuras portuarias hay mucho por hacer y no debemos caer en la trampa de los caprichos electorales. Por ejemplo, adecuar el cable francés es una vieja reivindicación pero imaginen que, además de permitir pasear por encima, se adecua para que se configure un muelle de cortesía, un pantalán de espera en el que cualquier barco de recreo (como esos que hoy puedes ver entre el Club de Mar y cables francés) pueda venir a la ciudad, hacer una escala de unas horas y, por qué no, hasta de un par de días, a un precio muy asequible. La idea, entre los marinos, sería acogida con enorme regocijo, pero seguro que al Club de Mar no le gustaría que se construyesen pantalanes, amarres o muelles fuera de sus dominios. De otro lado sería el momento perfecto para terminar con el monopolio en este sentido, pero llegados a ese punto al Ayuntamiento de Almería ya no le gustaría tanto, porque pondría en peligro la lealtad de un buen puñado de sus votantes, y como dice la Biblia “no maquines mal alguno contra el amigo que ha puesto en ti su confianza”.


Ahora bien, si tanto interés hay por empezar a utilizar esas viejas infraestructuras también podríamos abrir el paseo elevado sobre el viejo y centenario cargadero de mineral, cuya primera fase de restauración ya se llevó a cabo. Incluso igual es el momento de abrir al público la parte ya restaurada, porque arreglar para cerrar con vallas y que se convierta en morada de indigentes no es, por así decirlo, la acción ni más rentable ni más inteligente. Si faltan ideas, sólo hay que copiar el muelle de Huelva.


Metidos a hacer nuevas obras, como la del cable francés, me da un miedo terrible que caiga en manos de este ayuntamiento y no por colores políticos, sino por olores. Y me explico. Si no son capaces de limpiar la desembocadura de la rambla, la popular ballena, para evitar el olor a pozo negro que te encuentras todos los días, cómo van a ser capaces de mantener un muelle que puede convertirse en el lugar desde el que más selfies se harán en Almería.


La autoridad portuaria tiene la oportunidad de enmendar unos cuantos años de visión muy particular de su gestión, y es el momento de pensar en el puerto rentable tanto para la propia entidad como para los ciudadanos. Ya sabemos que Almería no será un gran puerto de contenedores y que el tráfico de mercancías, salvo los graneles de áridos, no es nuestro fuerte. Hay espacio suficiente para trasladar la actual zona comercial a los nuevos muelles de Pechina y la de embarque de la operación paso del estrecho reordenarla hacia poniente, con lo que habría puerto ciudad, en pleno centro de la capital, con más amarres y hasta zona de remo si te apetece, en nada de tiempo. Pero claro, de tomar una decisión lógica a tomar otra que genere enormes movimientos urbanísticos, hay una enorme y clara diferencia, la voluntad de un bien común o restringido a unos pocos. Vamos que algún día nos contarán que pasa con esa pedazo de área que generaron en el Cañarete, a la altura de San Telmo, porque ahí sigue mientras todos conocen la historia y nadie la quiere contar.

Un puerto ciudad para el ciudadano
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