Javier A. Salvador, teleprensa.com
Para quien no lo sepa, porque no todos lo saben, Susana Díaz es la presidenta de la Junta de Andalucía, y secretaria general de los socialistas en la región que más posibilidades tiene de toda Europa, y a la que más le han robado también. Sin duda alguna es la mujer que más poder político tiene en este momento en Andalucía y, por tanto por ciento de territorio que representa, una de las más poderosas del país. Pero, y siempre hay un pero, no lo es por decisión soberana del pueblo sino por herencia, una complicada moda que inició Manuel Chaves para dejar en el puesto a José Antonio Griñán, lo mismo que él hizo unos meses después con Susana Díaz que ahora cumple un año en el cargo con sus luces y sombras. Luces como un buen feeling con la andalucía rural que llega a saber de ella, y sombras las que se ciernen sobre su partido por no ser capaz de darle luz al caso ERE y al que ahora se suma de las subvenciones en formación, la otra gallina de los huevos de oro que alguien robó del corral andaluz.
Para muchos de su propio entorno ideológico, la gravedad de esos casos y su proximidad con aquella cúpula del PSOE de Andalucía Occidental, implica que Díaz será una presidenta de paso, interina, y que su generosidad y altura política se medirá por las facilidades que de a una sucesión real. Pero ciertamente a ella se le culpa más de errores ajenos que propios. De hecho muchos de los enemigos que tiene en sus propias filas son herencia de los modos de Griñán, quien consiguió cabrear a medio PSOE mientras a la otra mitad lo lió en pactos y promesas que en la mayor parte no se cumplieron.
Lo que no ayuda a Díaz son informaciones como la de un exconsejero con una empresa que canalizó más de treinta millones de euros en formación, y no porque los canalizase él, que ya está mal, sino porque con la suma de toda esa formación es muy difícil justificar la poca competitividad de nuestra enorme bolsa de parados.
Del caso de los ERE, en el que asusta todo, lo que realmente llama la atención y molesta particularmente en Andalucía Oriental es que después de tantos millones que repartieron esas zonas que se lo llevaron calentito, porque no en todos los sitios hubo lluvia de millones, sigan siendo las que con datos de la propia Junta en la mano, tienen peor solución en esta crisis. Pero si quieren que ricemos el rizo, se puede comprobar que la mayor parte de los empresarios que se vieron beneficiados por esas “ayudas” no son conocidos, precisamente, por ser gente de izquierdas. Vamos que inflaron a pan con jamón de jabugo al enemigo para ver si lo mataban de un atracón,- que es un estrategia como otra cualquiera-, pero no lo consiguieron y lo más jodido es que lo siguen intentando. Y ya hablaremos de quién se lleva las subvenciones en esta región, y a quien investiga la European Anti-Fraud Office.
El problema de fondo a la hora de analizar un año de Susana Díaz en Andalucía es que realmente no sabemos muy bien lo que tenemos que analizar, nos perdemos en la cantidad de frentes abiertos que tiene y decir abiertos quiere decir eso, que están sin cerrar y por lo tanto aún no sabemos de qué va a ser capaz.
Tiene que cerrar heridas en su partido, porque las provincias no están precisamente caldeadas, sencillamente hierven.
Mantiene al PSOE cautivo sin poder hacer sangre con casos como el de Fabra, Matas, Gürtel y tantos otros porque, sencillamente, Andalucía también se desangra por los casos de corrupción de la Junta en Andalucía Occidental y, por su culpa, no saltan todos aquellos que hay en cola desde la otra parte de la comunidad y que no son, precisamente, de sus compañeros de filas.
Lo único que tiene a su favor es que contra ella, que poco a poco va tomando el olfato del tiburón blanco, le han puesto un lindo delfín al frente del PP, un chico de cuyo nombre nunca consigo acordarme porque al fin y al cabo es un dedazo de Javier Arenas, como ya lo fue la alcaldesa de Cádiz, y en este caso a la espera de que escampe el asunto Gürtel, ese que ocurrió en su partido cuando él y Mariano Rajoy eran los tipos que más mandaban. Pero Claro, a estos dos les pasó como a Susana Díaz y a todos los demás, que nadie sabía lo que hacían sus malvados compañeros de partido.
Y así las cosas, dejemos que el primer año no gana nadie, más bien que quede en tablas. Aunque hay algo que personalmente estimo muy a su favor. Su marido, creo, sigue en el mismo puesto de trabajo y con el mismo sueldo que tenía el día antes que su esposa fuese nombrada presidenta, algo que parece normal pero que no lo es, porque ahí tenemos a los maridos de Cospedal, secretaria general del PP y presidenta de Castilla La Mancha o, peor aún, de la Vicepresidenta del Gobierno de España, cuyo marido ascendió automática y sorpresivamente junto con ella. Y sólo por eso a Susana Díaz de Andalucía, de la casta de los fontaneros venidos a mejor, se le puede prestar, por ahora, medio voto de confianza.
