jueves. 04.06.2026

Javier A. Salvador, teleprensa.es

Cuando apenas empezaba en esto del periodismo cubría la sección de sucesos en un periódico local de Almería. Además de tirones, intervenciones de hachís en las playas, muertes y mafias de las que en la provincia había unas cuantas, la sección de sucesos era un poco lo de chico para todo, porque al hacer reporterismo puro y duro lo mismo redactabas que cubrías un hueco de fotógrafo,-se revelaba en blanco y negro- o sencillamente te comías una manifestación con la excusa de que ¡si hay policía, es un suceso! Que era lo que me gritaba una redactora jefe para poner punto y final a cualquier indicio de queja.

Pero si esas manifestaciones ocurrían en el barrio de Pescadería, esas sí que eran puro y duro suceso de verdad con carreteras cortadas, el único helicóptero que la policía tenía en esos tiempos en Andalucía sobrevolando el barrio, contendores ardiendo y una perfecta organización vecinal acarreando piedras hasta los lanzadores. Y que tenían una puntería del carajo puedo asegurarlo por propia experiencia.

Aquellas manifestaciones eran tan agresivas en esos momentos porque la crisis económica de la época tenía al barrio en una situación límite y aún no existían sistemas de protección social como los disfrutados en la última década, pero que ahora tampoco están. Dicho de otra manera, no hay mucha diferencia entre aquella Pescadería de los 89/90 y ésta de ahora.

Pues si en aquellos años se pedían mejoras en el sector pesquero como principal sustento del barrio, en estos momentos no hay sector pesquero que de sustento, porque sencillamente se ha desguazado. La otra salida natural de los habitantes del barrio era la construcción y no hace falta dar muchas explicaciones al respecto y sólo los más afortunados trabajan en almacenes agrícolas y una minoría en comercios.

Pues bien, hace unos días esos vecinos asistieron a un pleno del Ayuntamiento de Almería y claro, lo de tener un alcalde y senador que lleva tres legislaturas en el cargo, dos de ellas gracias a pactos con terceros que le tuvieron como rehén, hace que en esta ocasión que tiene mayoría absoluta esté tan sobrado que ni tan siquiera esté dispuesto a escuchar. De hecho los vecinos se marcharon y como de cara a la galería el regidor quedó mal o muy mal, los citó a una reunión en la que el ambiente se caldeó y bueno, si un alcalde ya no sabe si es primer edil, conde, vizconde, virrey o sencillamente el elegido, pues al final despacha a esos rojos mal peinaos con un “si queréis guerra vamos a pelear”. Pedían que las obras que van a realizarse en el barrio con dinero de la UE sirvan para contratar a gente del barrio.

El problema generado es que este tipo de historias no se arreglan poniendo a currar al amanuense de turno para que haga las delicias de sus seguidores, porque en el lado contrario no compran periódico y el desprecio generado, sin quererlo o sin medirlo, ha salpicado a todo aquel que se sienta afectado por la crisis y no tenga el cobijo de un sueldo de alcalde y las dietas de un senador.

Pescadería no es el corazón de Almería, sino su sistema nervioso y sólo hace falta tocar donde no se debe para empezar a medir el tamaño de una crisis. Como alcalde puedes escudarte en que a esos desalmados los mandan desde la oposición, pero si la mitad del grupo de quejosos se han quedado sin casa y el contrincante vive en una mansión de cuyo origen nadie quiere acordarse, -pero un par de ex compañeros suyos de partido no hacen más recordárselo a todo el mundo-, no es momento de llamadas al ring, sino de hacer sonar el ring del teléfono, contar hasta 20 y dar una solución, largas o capotazos, pero no manotazos porque esta batalla la tiene perdida antes de que vuele la primera piedra.

Un alcalde en el ring equivocado
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