jueves. 04.06.2026

Javier A. Salvador, teleprensa.com

Más del setenta por ciento de los votantes del PP están desencantados con su partido porque reconocen abiertamente que no ha luchado contra la corrupción tal y como hubiesen esperado. Es uno de esos datos que están ahí, que salen en los barómetros y en este caso en el de la cadena SER, ese que dice que entre Podemos, IU y Equo pueden mandar a los bancos de la oposición a PP y PSOE en Andalucía, y eso que aún no ha comenzado la campaña electoral. 

Pero vamos al asunto de la corrupción y del PP, porque tiene una especial interpretación como también la tiene en ese PSOE de Andalucía con un 40% de votantes que también desaprueba su gestión de la corrupción. Y nos centramos en los conservadores porque un 70% es mucho, más de la mitad, casi tres cuartas partes de quienes te siguen te están diciendo que no les inspiras confianza, y claro esto implica ronda de llamadas a amigos, a gente que ha vivido y mamado PP desde que era AP, muy mayores unos, otros no tanto pero igual de desencantados. Y la primera sorpresa es que no identifican la corrupción de las administraciones públicas únicamente con casos como el del famoso y rico gerente del Partido Popular, Luis Bárcenas. Ni tan siquiera tiene que ver con que un ex ministro y presidente de comunidad esté en la cárcel, Jaume Matas o que un tipo como Carlos Fabra, presidente del PP de Castellón, de la Diputación Provincial de esa provincia y demás cargos que se repiten sistemáticamente en el PP a lo largo de toda geografía española, esté pendiente de entrar en la cárcel si no le salva un indulto del Gobierno. Y claro, mira por donde  ese indulto tiene que darlo la gente de un partido que precisamente no se puede permitir esos lujos pero que, por otro lado, teme que el hombre de las gafas oscuras tire de la manta.

Pues no. Ahí no están todos los males. A los militantes locales les duele más una situación que parece repetirse en todas y cada una de las provincias y es, precisamente, que sus cargos sean los mismos en los últimos 20 años, y que si hay cambios es porque el hijo de tal entró cuando se fue cual porque una sentencia le apartó de la vida pública. Y ahora comentaremos ejemplos, los que conozco, pero antes hay que analizar una situación muy concreta sobre el votante del PP, y es que se trata de personas que miran de las siglas hacia arriba. Es decir, que ese votante leal, incondicional tiene, o más bien tenía grabado a fuego el nombre del partido y del dirigente nacional. Nada más. De hecho, les genera muchísimo ruido que de repente, chavales que nunca han trabajado en la calle, que jamás han cotizado a la seguridad social una nómina que no sea pagada por una administración y ya sea como asesor, concejal o diputado provincial, sean de la noche a la mañana la generación de los nuevos ricos que no esconden en absoluto su mágica progresión económica.

Sin ir mas lejos, el vicepresidente de la diputación provincia de Almería, un tal Javier Aureliano García a quien si buscas en internet lo primero que aparece es su participación en un acto de manos alzadas y cánticos fascistas que no denunció a la fiscalía ni a nadie, -si lo denunció juventudes socialistas-, lleva en esto de lo público desde que su mentor, el alcalde de la ciudad, lo metió como asesor en la Diputación Provincial, vamos casi cuando cumplió la mayoría de edad. Y claro, sus compañeros de viaje son el hijo del abogado mentor del alcalde, el hijo del  jefe de filas del actual alcalde pero de la época que él entró como concejal chusquero, además del hijo del concejal protegido por el cabeza de lista de entonces, etc… Y claro, si tiramos de asesores te encuentras a los hijos de los que precisamente puedan estar catalogados como “complicados”, porque es mas fácil cortar el grifo a quienes no tienen cargo electo, y así la rienda es más corta. Vamos, que puedo estar hablando de Almería, Valladolid o Alicante, que tanto  monta.

Utilizar las administraciones y sus recursos para generar las guardias pretorianas que le hacen a uno fuerte en sus partidos y ricos en la calle, pues sencillamente se interpreta por quienes se parten la cara por sus partidos de referencia en bancos de parques y cafeterías como motivo suficiente de tarjeta roja y a la puta calle, y ésta es una regla que especialmente se aplica en el PP por la idiosincracia de su electorado tradicional. 

Pero éste no es un mal que afecte sólo al PP, ya que en el PSOE tampoco pueden tirar las campanas al vuelo. Sus tradicionales piensan aproximadamente igual, pero desde la izquierda, y ese núcleo que no es parte de la nueva burguesía, sino que son obreros y ahora con la crisis más obreros que nunca, no se identifican con un partido al frente de una administración en la que mandan clanes y familias. Que también hablaremos de ellos.

Y ahora ya pueden preguntarse de quién se nutren Podemos, UPyD, Equo y los que rondarán trescientos kilómetros a la redonda de Sierra Morena, que esto no termina en Andalucía, porque si es verdad que recogen a los cabreados del resto se van a ver desbordados.

Tres cuartas partes del PP
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