jueves. 04.06.2026

Lo primero de todo, antes de criticar lee, porque lo mejor del beso, piquito, abuso o agresión de Luis Rubiales a la jugadora profesional de fútbol y campeona del mundo, Jenny Hermoso, no es el lío que hay montado en tertulias y titulares. Ni tan siquiera lo es el significado de la respuesta, su interpretación por parte de la sociedad a uno y otro lado de su escala de valores, es decir, los que entienden que fue una tontería y quienes sencillamente han dicho que #seacabó. 

Lo que realmente cuenta, lo que ha generado el inicio de un cambio absolutamente imparable es que ésta es una batalla feminista de mujeres y hombres que va a cambiar las cosas. Que ya las ha cambiado.

Esta guerra en el sacrosanto terreno de los hombres, el fútbol, está perdida para todos aquellos que creen que fue una tontería, un hecho sin mala intención o un efecto de la euforia. Y no vale la pena recordar a esos que le quitan hierro al caso que su percepción cambiaría si Jenny fuese su hija, hermana o pareja. 

Tampoco vale la pena perder el tiempo hablando del sujeto que provocó esta reacción social de proporciones mundiales, de su tocada de huevos en un palco, del hecho de cargarse a una campeona del mundo como su fuese un saco o besar a otra porque le dio la gana, marcando terreno como un animal que necesita mostrar a todos cuál es su territorio. 

Ese sujeto está, sencillamente, amortizado.

Un partido político, Sumar, utilizó incansablemente en su discurso el género femenino en las últimas elecciones generales, es decir, ya trasladaban el mensaje de que si quieres cambiar las cosas en este país tan macho, la fuerza no está en ellos, sino en ellas. En España, si quieres cambiar las cosas, a día de hoy, queda demostrado que la fuerza la tienen las mujeres, y muy pocos habían tomado realmente nota de ello.

La mujer española al grito de #seacabó ha puesto una marca que nos concierne a todos, un listón que habla de igualdad, respeto, dignidad, de valores y líneas rojas que definen el camino de una sociedad que quiere evolucionar. Son ellas quienes han marcado el rumbo y los tiempos porque, cansadas de esperar y de contar víctimas, han explotado y con ello sentado a un país de culo. 

Es una revolución similar a la de mineros luchando por sus derechos, estudiantes pidiendo democracia tras una dictadura o exigiendo la autodeterminación de su territorio. Es, en definitiva, una revolución provocada precisamente por un tonto que se creyó que todo eso de la igualdad, del solo si es si, era sencillamente una tontería, una postura política y no social, y sin vuelta atrás. 

Rubiales fue de esos que no entendió que #seacabó y ello ha provocado que nos lo recuerden a todos.

La tontería del beso
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