miércoles. 03.06.2026

Javier Salvador, @tpjsalvador

A Emmanuel Macron, el nuevo ídolo de la sociedad francesa moderada y casi europea, le han salido primos por todas las esquinas de política española. Todos quieren uno o, peor aún, dicen tener uno en sus filas. Pero puestos a buscar semejanzas o paralelismos entre lo de aquí y aquello de allí, detengámonos un momento en el personaje antes de afearle la imagen al francés en el espejo español.

La criatura nació en una familia de clase media muy acomodada, buen estudiante y militante del partido socialista desde los 24 años. Llegó a la política activa después de triunfar en el mundo profesional, es decir, que primero hizo los deberes fuera de lo público, demostró que era muy bueno en lo suyo y luego, como recompensa por una brillante carrera, le abrieron las puertas de la primera línea.

Ni que decir tiene que esa sucesión de hechos poco tiene que ver con nuestro perfil de políticos que primero hacen carrera en lo público como asesores, concejales, diputados, parlamentarios etc.. y luego si ya fuese necesario porque los quitan de las listas, intentan destacar en lo privado. Que los hay que llevan más de 20 años viviendo del cuento.

Macrón es del PSOE a la francesa pero evolucionado hacia el centro, es decir, como si los socialistas españoles se olvidasen del congreso de Suresnes (1974) y migrasen un poco hacia al centro con un perfil cercano al modelo de los Demócratas de EE.UU. (Obama, Clinton etc…) y lo hiciesen sin complejos ni miedo a que formaciones como Podemos le puedan quitar votos por la izquierda. No olvidemos que este socialista francés trabajaba en la Banca Rothschild, que no tiene nada que ver con haber sido consejero por designación política en Unicaja, Bankia ni nada por el estilo. Vamos que la criatura hizo operaciones como la adquisición para Nestlé de la filial de una farmacéutica por la nada despreciable cifra de 9.000 millones de dólares mientras que nuestras figuras económicas de referencia son Rodrigo Rato, para descojonarse, o el actual ministro de Economía que, entre otros logros destacables era uno de los hombres de Rato y luego pasó a ser uno de los chicos fuertes de Lehman Brothers en España y Portugal. Si, esos que quebraron y se llevaron por delante el modelo económico, abriendo la puerta a una crisis generada por la gran banca y pagada por los pobres desgraciados que no tenemos cuentas en Suiza.

Todos queremos un Macron, o puede que no, porque quizás lo que nos guste, sin saberlo, sea poder tener un modelo electoral en el que las minorías no conviertan en rehenes a países enteros. Un modelo en el que se hace carrera antes de llegar a la política y no a costa de ella, y partidos que no tengan miedo a evolucionar hacia posiciones más globales, intermedias y creíbles, sin tener que buscar las referencias ideológicas en ninguna postguerra para poder darse golpes en el pecho de la falsa identidad.

Y claro, también un poquito menos de corrupción no viene mal, que esto de tener tres cuartos de informativo destinado a los encarcelados del PP de Madrid ya huele un poco. Sobre todo si el patriarca de todos ellos no sale y se afeita la barba en público, a lo japonés, para pedir perdón. Aunque sólo sea un poquito de perdón.

 

 

Todos son Macron
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