jueves. 04.06.2026

Javier Salvador, periodista

 

Los españoles debemos tener para el Parlamento Europeo cara de diana, porque parece divertirles tirarnos dardos continuamente, pero con tan mala suerte para nosotros, que puntería tienen un rato y siempre aciertan para nuestro pesar. Estaba claro que el acuerdo de pesca con Marruecos caería por su propio peso más pronto que tarde, porque sencillamente no es económicamente viable. Pero ciertamente se esperaba que desde Bruselas diese una de cal por otra de arena, es decir, ya que nos joden con el acuerdo pesquero, que les jodan a ellos con el agrícola porque los mismos argumentos que se defendieron para no renovar el pesquero valen para hacer lo mismo con el agrícola. Y no se trata de meter a nadie el dedo en la nariz porque antes te lo han metido a ti en el ojo, sino de instinto de supervivencia y de tener claro que si las cosas pintan mal, si no hay donde rascar, toca defender nuestro propio jardín antes de ir a plantar flores en el del vecino.

Dicho esto y tras aceptar que el pasado 26 de enero se dio luz verde al acuerdo en la Comisión de Acuerdos Internacionales pese al informe contrario a ello presentado por el eurodiputado José Bové, francés y de Los Verdes, no debemos tirar la toalla (por cierto alguien podría invitarlo a dar una charla en Almería y empezar así la batalla por el no hasta el 15 de febrero).

Está claro que países como Alemania o la misma Francia son partidarios de que Marruecos crezca porque así creen que el fantasma del islamismo irá desapareciendo poco a poco. Es decir, que a mayor renta del sujeto, menos ganas tiene de inmolarse en una plaza o estación de metro. Pero resulta lamentable que seamos rehenes de esas situaciones, porque digan lo que digan, esa es una de las grandes razones.

Ahora bien, me parece perfecto que políticos regionales como Javier Arenas tomen las riendas de ese frente común contra el acuerdo. Y espero que su rechazo sea sincero y que no se trate de una postura electoralista para caldear el campo de cara a las elecciones autonómicas. Es más, en su mano tiene que su íntimo amigo Mariano Rajoy pida públicamente a Merkel y Sarkozy, socios suyos en el partido popular europeo, que voten contra el acuerdo y de paso que Griñán (PSOE) pida al PSOE español y europeo que haga lo mismo, porque la votación es el día 15 de febrero y hasta ese día no hay nada perdido. Y es ahí donde hay que poner la carne en el asador, porque los medios de comunicación estarán muy pendientes y publicarán quiénes han votado a favor y quienes en contra, y ese voto pinta mucho para las elecciones andaluzas.

A los pescadores les han dejado sin caladeros en los que faenar y ahora es misión de España controlar que la pesca marroquí cumple escrupulosamente las normas de la UE para productos alimenticios. Pero si mantenemos el campo y conseguimos reforzar su posición en el mercado europeo, podemos salir adelante y hasta recolocar esa mano de obra que se queda en puerto.

Ahora bien, en todo este entramado también tiene mucho que ver el consumidor, porque al final es el que tiene que decidir si paga unos céntimos más para proteger su economía y apostar por el producto local o se tira al precio de saldo del producto sin control procedente de Marruecos.

Esta no es un guerra de unos pocos, sino de todos, y es hora de gritar aquello de o todos hortalizas o todos pescados, por aquello de todos moros, o todos cristianos.

 

 

Todos hortalizas o todos pescados
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