Javier A. Salvador, teleprensa.com
Toca cambio y será a mejor, porque la obligación de dialogar, compartir propuestas y ganar los votos del congreso uno a uno para cualquier decisión trascendental no puede llevar a nada malo. El gran error del Partido Popular no es otro que haber gobernado de tal manera que pese a ser la fuerza más votada no tiene a nadie dispuesto a formar gobierno con ellos. Están solos porque en los últimos años han hecho de su mayoría un muro infranqueable, eso les ha hecho arrogantes y esa arrogancia en el vértice les ha llevado a permitir que en las bases, en las provincias, rozasen la tiranía.
Ningún partido que quiera mantener su electorado puede darle apoyo a los de Rajoy, Albert Rivera lo sabe porque la paliza que le ha dado Podemos huele a eso, a pérdida del centro izquierda. Pedro Sánchez Puede sacar tajada de ello y a Podemos, sencillamente, le pone la situación. Pero si de verdad hay una llave de gobierno está en los partidos nacionalistas, y en un momento como este de cambio, en el que la mayoría del hemiciclo representa a ciudadanos que piden a gritos una actualización del modelo de Estado, habrá que darle cabida a las aspiraciones de todas las sensibilidades territoriales. Y al independentismo también.
Cada uno tiene un ejemplo claro de lo que ha ocurrido en su provincia. En Almería el PP ha sacado sólo a dos diputados, dos que ni tan siquiera han podido ser elegidos por sus propios militantes, dos a los que sus simpatizantes no entienden como gente de aquí y aún así son los únicos que tienen escaño porque son los que necesitaba Madrid que saliesen para mantener su élite, su clase. La consecuencia es clara, nada menos que 64.000 votos menos y Eloísa Cabrera, la única realmente almeriense y nueva en la lista, la delfín de Gabriel Amat, se queda varada en la playa de Roquetas de Mar. ¿Pero creen que alguien, Amat como presidente y Javier Aureliano como secretario general presentarán la dimisión? Y peor aún ¿creen que alguien se las pedirá? Pues ahí está el inicio del camino para reconciliarse con su electorado.
El PSOE ha descubierto que la ruptura drástica con el pasado no es mala y que poner caras nuevas le ha salvado de la quema, porque de no haberlo hecho hubiesen seguido cayendo a un ritmo insostenible para quien tiene 100 años de historia y la convicción de que son parte del futuro.
Los emergentes lo tienen todo por demostrar y son la prueba de que llegan de partidos de un líder nacional que tira de todo el resultado. Diego Clemente de Ciudadanos es un desconocido y David Bravo ni tan siquiera es de Almería. Tan sólo pasó por aquí para dar un mitin, eso sí, el mejor que posiblemente se ha visto en la provincia en los últimos 15 años, pero ahora depende de ellos, de su actividad parlamentaria por la provincia, que sus partidos afiancen posiciones o sean sencillamente flor de una legislatura.
