Javier A. Salvador, teleprensa.com
Un lunes cualquiera, pero de un siete de marzo concreto.
Hace unos días, en el Congreso de los Diputados, se vivió como una fiesta el hecho de que por primera vez en la historia de la democracia un candidato no consiguiese su investidura. Todo sigue igual, y el presidente del gobierno sigue siendo ese al que la mayoría de los españoles con derecho a voto quieren jubilar, pero él no era el candidato, era otro. Y sí, algunos pueden celebrar la triste efemérides como una batalla ganada, como un gran logro de cara al público ¿Pero en la cara de qué público se están riendo?
Que alguien desde la tribuna del congreso ofrezca su despacho para que dos diputados de bancadas distintas se conozcan puede ser gracioso, pero si no se hiciese desde ese lugar sería hasta maduro, y menos cobrando un sueldo que supera los 6.000 euros al mes, y mucho menos si ese despacho lo pagamos entre todos. Pero sobre todo, no se debe mientras un lunes cualquiera, un siete de marzo de 2016, decenas de personas de la plataforma Stopdesahucios se manifiestan en la calle Méndez Núñez de Almería porque nada está arreglado. Su lucha sigue, los problemas son los mismos que cuando los emergentes no estaban en el Congreso de los Diputados, de hecho es peor, porque iremos a unas nuevas elecciones si alguien no termina de entender que su principal objetivo, mandar al partido que ha recortado todo menos la corrupción en sus filas, se vea abocado a ejercer de oposición pese a haber sido el partido más votado.
Y ese matiz es el que realmente hay que entender en estos momentos. Un partido puede ganar unas elecciones pero no gobernar, porque la democracia parlamentaria no tiene en las mayorías absolutas o en los pactos más naturales su verdadera belleza, sino que radica en esos momentos en los que uno solo no puede tener toda la razón, ni ta siquiera entre dos, y puede que ni entre tres. Incluso lo realmente maravilloso sería que, además, dependiendo del asunto en litigio, fuesen diferentes actores quienes sumasen esa mayoría. Eso es el equilibrio, pero también puede ser un gallinero dependiendo de los valores y altura moral de los participantes.
Me da la impresión de que algunos parecen haber perdido el norte, pero nunca pensé que sería posible extraviarlo en una distancia tan corta como la que separa la Puerta del Sol y el Congreso de los Diputados. Peor cuesta aún más encontrarle una explicación lógica cuando un día como hoy, un 7 de marzo cualquiera de un año como éste, decenas de personas se dejaban la garganta pidiendo justicia contra los desahucios, pero ya no hay cientos de tuits de apoyo, declaraciones de aliento, señales de cambio. Ahora sus señorías están ocupadas haciendo de mamporreros, pero con arreos de lujo.
