jueves. 04.06.2026

Javier A. Salvador, teleprensa.com

¿Realmente le extraña a alguien que  el sí a la independencia pueda ganar? Y me da igual que hablemos de Escocia, Cataluña, Flamencos, Valones o Vascos. Constantemente me pregunto si realmente somos conscientes de que no todo el mundo piensa igual que uno mismo, y que su verdad es suya y de nadie más, porque aunque otro pueda pensar lo mismo, nunca será exactamente ese “lo mismo”, y al final serán los matices los que marquen las diferencias y esas diferencias son las que llevan a la pluralidad y al debate cuando las sociedades se manejan por cauces que podemos entender como normales, y a gritos de independencia cuando entre dos no son capaces de hablar.

Nos hemos metido en una guerra absurda en la que parece que nuestro principal problema no son los seis millones de parados que hay en este país, la falta de crédito y el desánimo de la gente para emprender, sino ese uno o dos por ciento que cada tres semanas varía en los sondeos de intención del voto independentista. Y hasta desde aquí, desde el sur de España, me parece exagerado ese montaje colosal que los grandes lobbies están montando para que veamos todo lo que tiene que ver con el nacionalismo con una capa de filtro amarillo sensacionalista, corrupto, que emulan la antesala de un infierno con señor de rojo, cuernos, rabo y tridente.

Estamos llevando el debate de la ausencia de debate, porque nadie se sienta a hablar seriamente, a unos extremos en los que literalmente se va a acabar ese margen para el entendimiento. Y dicho de otra manera, se les está haciendo el caldo gordo a aquellos que tachan de  marginales la supuesta mayoría, la que forman la suma de los llamados partidos democráticos tradicionales.

Vamos a ver. Tanta experiencia que tienen en gobernar tanto PP como PSOE o Ciu, se supone que encontrarán una explicación lógica, relacionada con sus comportamientos de los últimos años que justifiquen los éxitos de Bildu en Euskadi, ERC en Cataluña y ahora Podemos en el resto de España. Y sí, pongo a Podemos aquí porque representa ese nacionalismo de la calle que los otros representan en sus comunidades, alejados de la casta que nadie reconoce pero que España  entera ha reconocido nada más mencionarla.

Podemos seguir tapándonos los ojos y no reconocer las verdades que la calle grita con el único objetivo de que se les haga un mínimo caso, porque tampoco son tan “locuras” o  “barbaridades” ideas del tipo que un banco que ha recibido fondos del Estado no pueda ejecutar embargo alguno a una familia de parados hasta que la entidad no tenga su cuenta de deuda con el Estado sufragado por los ciudadanos a cero ¿barbaridad o lógica? 

Elevamos quejas a la UE porque en países de nuestro entorno económico se les invita a nuestros jóvenes  a volver a España si no encuentran trabajo para así no sobrecargar sus sistemas de asistencia social, pero tratamos como ganado a todo aquel que cruza una frontera hecha de cuchillas y despropósitos.

Un si a la independencia por parte de un estudiante al que le han dicho que cuando termine no va a tener trabajo es una forma de rebelarse y decirte a la cara que si esa es tu visión de lo que va a pasar, algo habrá que hacer para cambiarla. 

El sí a la independencia de un jubilado es la respuesta  a un sistema que ha tirado por tierra todo lo que consiguió durante años de lucha, y muchos casos de hambre verdadera a la que no están dispuestos a volver ni a que sus hijos o nietos la vivan a costa de lo que sea.

Y claro, cómo le cuentas a alguien que precisamente los riesgos se asumen si en vez de unir separas un país, si quien tiene que hacerlo lleva cinco años tapando sus miserias con casos de corrupción que derrocarían gobiernos en cualquier parte del mundo o si la oposición ha sido colaboradora política necesaria por interés u omisión.

De todo este embrollo que tenemos con el sí o con el no a la independencia, lo que más me asusta no es ni tan siquiera el efecto que pueda tener el caso Jordi Pujol, sino lo que sean capaces de rebañar para sí los extremos de derechas o izquierdas por la poca defensa de los valores fundamentales que se hace desde los partidos, provocando que sus estructuras locales sean fieles reflejos de lo que ocurre en sus sedes nacionales.

Creo que la gente no vota sí a la independencia, dan un sí a todo lo que pueda significar borrón y cuenta nueva. Y lo peor de todo es que día a día se acaba el tiempo de reacción.

Sí a la independencia
Entrando en la página solicitada Saltar publicidad