jueves. 04.06.2026

Javier A. Salvador, teleprensa.com

Almería es una zona desértica, y todos los sabemos. No llueve ni juntando a todos los chamanes de todas las naciones indias para que invoquen a sus dioses con las danzas de la lluvia, pero aún así, en los últimos años los hombres de pro de la provincia han gritado a los cuatro vientos que gracias a personajes como Javier Arenas o Mariano Rajoy en Almería hay agua para regalar. Vamos que esto es un vergel. Y en el fondo no les falta razón, en lo del agua, porque hay desaladoras en Almería capital, en Cabo de Gata o Rambla Morales, en Carboneras y en Cuevas del Almanzora. Y bueno, un pantano seco en el que unos lumbreras decidieron que era el mejor lugar para unas instalaciones de piragüismo, mientras que en el Poniente tenemos una balsa convertida en lago, que amenaza con inundar a media comarca si no se desagua con urgencia. Pues eso, que somos así de geniales con el dinero público.

Pero claro, el problema de las desaladoras es que pese a sumar más de 90 hectómetros cúbicos de capacidad productiva, más de los 78 hm3 de aportaciones naturales que tiene la provincia, y sin contar los trasvases del Tajo  y Negratín, ni por asomo han sido puestas a pleno rendimiento. Vamos, ni al mínimo rendimiento, que mucho nos reímos de Castellón por tener un aeropuerto sin aviones cuando otros vivimos en un secarral, - muy bonito por cierto-, con desaladoras que no desalan ni el 10% de lo que podrían desalar.

Y las contradicciones no terminan ahí. Hay agua, o por lo menos posibilidades de fabricarla, pero hay sectores que se mueren de sed, hasta el punto de que, por ejemplo, los ganaderos de la provincia han conseguido ayudas del Gobierno por 245.000 euros. Pero no se los van a dar en bonos de agua desalada, sino en dinero, que por otro lado  GOAG interpreta como una “desfachatez” por lo poco que es (eterna canción del sindicato agrario y las ayudas públicas).

Pero igual, en vez de intentar comprar silencios con ayudas que son mínimas, lo que debe hacer este Gobierno es poner orden en su propio jardín. Por ejemplo, no puedes dar ayudas públicas en una provincia por sequías y permitir que el teniente de alcalde de un pueblo como Vélez-Rubio, gobernado por el PP, utilice a empleados públicos para pinchar la red pública de abastecimiento de aguas, esa que conduce la de consumo humano hasta las viviendas, para que el señorito pueda regar sus tierras escapando no sólo a la sequía, sino también a la legalidad.

Igual ahora el diputado Rafael Hernando Fraile, que fue quien anunció las ayudas por la sequía al sector ganadero de Almería, sienta algo de vergüenza ajena y llame a su alcalde para decirle eso de “Miguelón campeón, no nos tomes los cojones que no tenemos y ya hasta hemos perdido la botella”. Vamos, es una idea, y acto seguido obligar al teniente de alcalde a dimitir aunque eso le cueste un pacto de gobierno y al alcalde por encubrirlo.

Pero bueno, si alguien se acuerda de las desaladoras, que sepan que “ahí están, ahí están, viendo pasar el tiempo…”

Y otro día hablamos del gas, porque somos el punto de España por el que más entra y el único que no lo puede utilizar.

¿Cómo era aquello de mear y las gotas?

 

Sequía y caraduras en Almería
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