Javier A. Salvador, teleprensa.com
Les confieso que aunque me seduzca la idea de ver a algunos alcaldes en la oposición y a muchos de sus asesores mandando curriculums para encontrar curro, tanto como ver a algún presidente de diputación y los suyos en la misma tesitura, nunca pensé que el nivel de odio generado por éstos en zonas de tradicional voto del Partido Popular podía ser tan exacerbado como el que se vive estos días en las calles de Almería, aunque también es cierto que ese radical desapego se está extendiendo por todas partes a unas velocidades descomunales. Para que se hagan una idea, hay concejales que se niegan a salir realizar ningún tipo de puerta a puerta porque están cansados de las broncas que les monta la gente más allá del centro de la ciudad. Pero es precisamente en esta zona privilegiada por la obra pública donde les esperan todas las víctimas de pubs y establecimientos que han descubierto el nirvana del ruido durante los años de gobierno en los que el negocio era dar licencias, hacer favores y olvidarse de cualquier tipo de control en beneficio del resto de ciudadanos.
Pero si con el ruido no tienes suficiente, enseguida empiezan a contarte las corruptelas y claro, se calientan: “Hay que echarles, que no se trata de ideologías de uno u otro, se trata de que hay que echarles o se lo comen todo”. Y esto es lo más suave que he escuchado estos días de los prohombres que años atrás veían en Rato, Arenas o Rajoy los pilares de una España que iba a desterrar la corrupción y el tráfico de influencias. Tela marinera.
No se pueden hacer una idea de la cantidad de información que corre por las calles sobre presuntas comisiones en contratos públicos, porcentajes no inscritos de sociedades que han obtenido adjudicaciones o convenios que parecían imposibles. A día de hoy hay hasta amplias explicaciones sobre el porqué en algunos ayuntamientos corren durante estos días para cerrar enormes tratos de suelo y concesiones para los próximos cuatro años, cuando tienen claro que el escenario cambia a partir del día 24 de mayo.
Obviamente mucho de esos que se quejan lo hacen por haber quedado fuera del reparto, pero o tira alguien del hilo y abre la puerta o esto no acaba nunca.
Y todo eso sucede mientras el Partido Popular ha permanecido agazapado en la precampaña, consciente de que no puede hacer mucho más que intentar suavizar su curva de caída en la intención de voto, porque tampoco crean que se han puesto manos a la obra para descubrir por qué han llegado a odiarles aquellos que hasta no hace mucho eran sus fieles.
Ni tan siquiera les importa.
El Partido Popular de hoy, a día de hoy, confía en lo atado con el voto por correo, lo que le queda de su electorado fiel que viene a ser un poco menos de lo recaudado en las autonómicas y, sobre todo, y aquí está el truco, en lo que le va a dar el sistema D´Hont. Dicho de otra forma la dispersión del voto les viene bien, porque a ellos no les importa perder electores siempre y cuando los que vienen detrás no sumen lo suficiente para obtener una representación considerable.
¿Perverso verdad?
Pues para terminar de arreglarle las afinidades al PP lo que faltaba era que media España escuchase a Antonio Hernández Mancha haciendo de asusta viejas en la Cadena Ser mientras que Pepa Bueno intentaba hacerle una entrevista sobre la financiación del PP.
Que no, que eso de “que vienen los rojos ya no cuela”. Que las crisis no las arreglan los gobiernos, sino los precios del petróleo, el BCE y el FMI, y que en la municipales hablamos de personas y no de siglas.
