Javier A. Salvador, periodista
Reconozco que se me ponen los pelos como escarpias cuando escucho a alguien utilizar una cita de Sun Tzu extraída de su Arte de la Guerra, porque siempre he creído que el arte, te guste o no una determinada tendencia, es en sí bello, civilizado y hasta ordenado dentro de su desorden, pero la guerra nunca ha representado nada bello salvo para sanguinarios y desequilibrados. Y lamento que no exista una obra aún más famosa que se llame El Arte de Sobrevivir, porque sería en ella en la que podríamos agrupar todas esas ideas, procesos y experiencias que realmente nos mantienen ahí, en esa cuerda floja que llamamos forma de vida.
Como he aceptado hablar de mi caso concreto para unos amigos en unas jornadas, obviamente primero debo retratarme aquí, ante los parroquianos habituales, y bien, toca hablar de cómo y sobre todo por qué nació en su día teleprensa.es.
Teleprensa como empresa es la respuesta a una situación muy parecida a la actual: crisis. Para que se hagan una idea, había periódicos, la gran mayoría, que no contrataban a los redactores, los fichaban como colaboradores. La situación era insostenible así que generé mi propia red frena caídas, una empresa con la que contratar servicios. Como pagaban muy poco y apareció internet decidí que la misma información que hacía para un medio de comunicación tenía que reutilizarse una y otra vez, porque sólo así alcanzaría valor, aunque fuese únicamente emocional. Así, en 2002 y por un trueque puro y duro con una empresa italiana, la página web teleprensa.es que anunciaba servicios periodísticos se convirtió en una cosa extrañísima que nadie sabía para lo que servía. Se trataba de un archivo de noticias donde colgábamos todo lo que escribían los gabinetes de prensa y enviaban por correo electrónico a los medios. Al principio fue casi una herramienta para periodistas, porque era algo así como un archivo de noticias en versiones originales y siempre disponibles. La idea principal era que los redactores dejasen de guardar papel y que, de vez en cuando, se tropezasen con la nota de prensa que editábamos para nuestros clientes de gabinete de prensa mientras buscaban la que realmente necesitaban.
Creatividad sí, reinvención también, pero no era más que sobrevivir con lo puesto, aprender a darle valor a eso que tenías a tu alcance, poder hacer más caldo del mismo hueso que hubiese dicho mi madre.
Aunque no lo crean, la franquicia de El Mundo llegó a Almería de nuestra mano, pero me equivoqué en el modelo de crecimiento y en la elección de socios capitalistas porque no tenían capital. Y aprendí mi primera gran lección, si creces hazlo hasta donde tú puedas alcanzar o blíndate antes de dejar entrar a nadie en tu corral.
Yo fui el capullo que presentó El Mundo Almería junto a Pedro J. Ramírez en el gran Hotel y que al poco se marchó porque, sencillamente, no podía pagar más de mi bolsillo y era rehén de los inversores.
Pues bien, paso dos de la reinvención: Si te cortan el paso, encuentra otro camino. Y con lo puesto, con un archivo de noticias llamado teleprensa.es, fuimos atrevidos y dije: ¡Pero qué coño! esto no es un archivo, es un periódico digital. Y así surgió.
El resto de la historia ya la conocen y de lo que se trata es hacer entender que puedes vivir de las ideas, comprender que no hay crisis insalvables sino malos modelos de dirección y faltos de creatividad. Yo no creo que las coyunturas sean decisivas en la marcha de tu negocio porque no se pueden vender o comprar por kilos, y aunque nos cueste reconocerlo los gobiernos no tienen la culpa de que las empresas de vez en cuando no funcionen, porque no son tus socios. Si aceptas todo eso, si eres capaz de asumir que es tan fácil caer como volver a levantarse, entonces empiezas a entender que en esto de la empresa, la familia y del sobrevivir hay eso que llamamos arte, mucho arte y hace falta que afloren los verdaderos artistas. Pero ese ya no es mi caso.
