Javier Salvador, teleprensa.es
En mi tierra se dice del adolescente cuya única neurona suele despertarse alrededor de las seis de tarde de los viernes, que el sujeto está literalmente “empanao”. Es como reconocer que están con la edad del pavo pero elevando las consecuencias a la octava potencia. Les hablo de esos a los que el labio inferior se les ha caído y que a todo contestan “eh”, pero cuidado, que no son más torpes o menos listos que los de cualquier otro país. Incluso dudo mucho de los resultados de PISA, y no es por hacer patria, sino por las pruebas que les voy a aportar en unos segundos.
Obviamente no le pueden pedir a un chaval de 15 años que encienda un mp3, porque es casi como pedirle que meta una cinta en el radiocassette. El mp3 desapareció cuando surgieron los mp4, es decir, unos años antes de que éstos fuesen absorbidos por los teléfonos móviles que es donde se escucha la música. Tampoco podemos pedir a los chavales que sean especialistas en arqueología electrónica. A ver si nos enteramos de que el transistor ya no es un aparato de uso común.
También es cierto que prefiero a los quinceañeros españoles bien alejados de, por ejemplo, los ingleses o alemanes. Y me explico. No creo que nadie vea a muchos chavales de la madre patria saltando desde los balcones de los hoteles a piscinas sin agua o con ella. Pueden tener problemas con las preguntas de PISA, pero desde luego saben que Supermán volaba por los efectos especiales del cine y no por los efectos del alcohol.
Tampoco veo reportajes de lugares a los que miles de españoles van a emborracharse hasta las trancas vestidos con tutú , ni haciendo el chorra en un supermercado mientras se limpian una botella de ginebra de un trago. Que vamos a ver, que haberlos los puede haber, pero no son la mayoría, que ese privilegio lo tienen los ingleses por encima de los demás y con mucha diferencia.
Por otro lado les puedo asegurar, y los he tenido en casa durante interminables intercambios, que si empanados están los nuestros, lo del resto no es un resfriado pasajero. Y hay algo importante, y es que normalmente, por término medio, me atrevería a decir que educamos mejor a nuestros hijos y que éstos aún conservan algunos valores fundamentales que parecen haberse olvidado en otros países.
Ahora bien, hay que ser idiota, y esto es cosa de mayores, para utilizar el informe PISA como arma arrojadiza entre unos y otros, que a más de un diputado le hacía yo las pruebas de los quinceañeros. Pero sobre todo entendamos un par de cosas.
Para un chico español es más difícil encontrar la ruta más económica en el metro porque, por lo general, no existe tarifa barata, y metro, lo que se dice metro, hay en cuatro ciudades. Y ya les invitaba yo a ver las habilidades que tienen algunos, por ejemplo los chavales de Almería, que casi se equiparan a los japoneses y coreanos subiendo a autobuses atestados, de esos con capacidad para ochenta y que se empecinan los ayuntamientos en probar con ciento y la madre.
Pero vamos, que tampoco es por romper una lanza por nuestros quinceañeros, pero en el informe PISA hay mucho de mala leche, guerra de guerrilla entre estados y luego mucho chorra a la hora de interpretarlo.
No son tan malos. Puede que un poco empanaos, pero malos, lo que se dice malos, no lo son. Los malos somos nosotros, que encima que les atacan no salimos a defenderlos, y mira que son sangre de nuestra sangre.
