A María del Mar Vázquez Agüero, alcaldesa de Almería, se le ha ido de las manos el equipo de gobierno y no le queda otra que generar una crisis interna, hacer cambios drásticos e incluso pactar con algunos de los suyos para que dimitan y entren caras nuevas. El momento es bueno, pues ahora que tienen tantos altos cargos para colocar, que hasta necesitan de dirigentes de la casi extinta Ciudadanos para cubrir vacantes por jubilación, pueden proporcionar puertas giratorias sin problema alguno. Cosas de la política, ya saben, no te cargues a nadie sin proporcionarle un sueldo mayor, si no quieres que te monte una corriente o una escisión.
Lo cierto es que en Almería no podemos pasar de ser los protagonistas del niño que anuncia el “si dice no, no es sexo, es agresión”, a causar la muerte de cuatro gacelas y una hembra de arruí sahariana por celebrar un puto concierto a las faldas de la Alcazaba.
Se avisó. Los investigadores del CSIC lo advirtieron. Y claro, si un investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas te advierte que vas a causar un daño irreparable, tienes la obligación, al menos moral, de prestar algo de atención. Si, además de ello, eres un indocumentado con cargo político, que llevas en esto cuatro días y con la suerte de que tu oposición te mete menos presión que el arzobispo de Burgos a las monjas de Belorado, pasarse por el forro las indicaciones de los científicos es una temeridad. Bueno, perdón, y aquí está lo que debemos tener en cuenta, porque entra en juego la responsabilidad penal.
Hace apenas unas semanas el Fiscal de Sala Coordinador de la Unidad de Medio Ambiente propuso a los fiscales aplicar a este tipo de hechos el nuevo art. 340 bis del Código Penal que, con una nueva regulación, castiga con penas de prisión, multa o inhabilitación a quien causare la muerte o provoque lesiones a animales. Y esto se pensó para, por ejemplo, dirimir la responsabilidad penal por la muerte de especies protegidas a raíz de la instalación de aerogeneradores. Aquí hemos ido mucho más allá en la inobservancia del riesgo previsible, pues estaba anunciado con una base clara y científica. Vamos, que te lo comes.
Imagino que, teniendo conocimiento de los hechos, la fiscalía de medio ambiente abrirá de oficio una investigación que permita dirimir responsabilidades, porque esto va de señalar a los técnicos o a los políticos, pero la muerte de cinco animales de una reserva que se dedica a preservar una especie no puede salirle gratis al Ayuntamiento de Almería. Caerán cabezas en sede judicial, sino lo hacen antes en la administrativa.
Se les advirtió, conocían el posible daño que iban a causar, y a lo más que llegaron fue a decir que el concierto generó el mismo ruido que un teléfono móvil. Muy divertido para la nueva fachosfera de la radio y todos esos hooligans que no han hecho otra cosa que empeorar la situación, porque no han cabreado a cuatro rojillos defensores de las hormigas. No. No se trata de eso, sino de un patrimonio real de todos los almerienses como la reserva de La Hoya.
