Javier A. Salvador, teleprensa.es
España, en su conjunto o en el conjunto de nacionalidades históricas que componen España, que se pueden decir las cosas de mil maneras y llamarlas de mil y una si así conseguimos que el mensaje llegue a más personas, está sencillamente en shock. El fenómeno de los perroflautas de “Podemos” ha asustado, primero, y tocado tremendamente los huevos, después, a una clase política conservadora en la que hay mucho PP y más de lo imaginable de PSOE, que no está molesta por los resultados, ya que muchos van tan sobrados que lo primero que piensan es que esto se recupera en las siguientes elecciones. Lo que realmente les molesta es que quienes hasta hace cuatro días les apoyaban augurando largos años de continuismo, han empezado a retirarles el saludo e, incluso, a buscar amigos en esas fuerzas emergentes.
Puede que el efecto de Podemos dure poco, y puede que menos de lo esperado si son tan incautos de no esperar a ver cómo les va como formación antes de hablar de cualquier tipo de coalición. También puede que pierdan su atractivo si en vez de reunirse en espacios abiertos que llamen a la participación se encierran en lugares que no les representan, pero sólo “puede”, porque el hecho irrefutable a día de hoy es que llegar han llegado y que, además, son la constatación de que la corrupción sí pasa factura política.
Quizás el efecto Podemos se basa en eso, en que apenas nadie se ha leído su programa porque sencillamente no importa. Al fin y al cabo nadie lo cumple, y la prueba de hacer lo contrario de lo prometido es el actual gobierno. Pero lejos de programas, todo el mundo les identifica con un movimiento ciudadano capaz de poner colorados a políticos corruptos, a bancos rescatados por los ciudadanos y que tienen la desfachatez de desahuciar a otros ciudadanos. Vamos que son perroflautas, pero capaces de airear todo aquello que tiene que salir a la superficie de una vez.
Para que me entiendan. El alcalde de la ciudad en la que yo vivo, además de censurar el envío de información a los medios que no le son amables, sencillamente no recordaba muy bien cómo pagó las obras de su antiguo ático, hechas por una empresa dedicada a la contratación de obra pública, y que aparecieron en una investigación anticorrupción por un caso denominado Hispanoalmería. Su amigo y jefe político, el presidente de su mismo partido, que es el alcalde del pueblo que durante años ha trabajado casi en exclusiva con esa empresa en la que se encontraron recibís de cantidades pagadas al PP, se limita a guardar silencio porque sus asesores de comunicación le han asegurado que esos nubarrones desaparecen con cuatro días de lluvia. Pero, hay que joderse, estamos en la mayor sequía que se recuerda desde los años de la dictadura. Vamos que los Podemos de una sencilla estudiante universitaria de Almería se han convertido en cuarta fuerza política de la capital. Que manda huevos.
En resumen, la gente aquí y en todas partes se ha cansado y lo ha hecho al grito de “Podemos”.
Ahora bien. Los partidos tienen dos caminos. Uno es tirar de sus medios afines y atacar a todo aquel que lleve melena y barba si arreglar, sin darse cuenta de que el país entero se está descojonando de ellos, de la casta, por cada frase que publican en sus redes sociales y de cada ataque que lanzan porque se les ve como verdaderas marujas histéricas, de un lado para otro buscando un culpable y sin capacidad de mirarse a ellos mismo.
La otra opción es la de ponerse en el lugar del ciudadano de la calle y hacer algo así como comunicación inteligente. Escribir en un papel lo que quiere esa gente y en otro lo que se está dispuesto a dar con tal de recuperar el terreno perdido, y a partir de ahí empezar a acortar distancias entre un papel y otro lo antes posible, porque el primer aviso no ha sido moco de pavo.
Vamos, que sacar cinco eurodiputados no es ningún subidón ocasional. Y ojo que puede ir a más, bien con Podemos o con otros, pero esta historia no termina aquí porque éste sí es el verdadero inicio de la #spanishrevolution, aunque algunos crean que es el #quevienenlosrojos
