jueves. 04.06.2026

Javier A. Salvador, @jsalvadortp

Carmen Crespo, portavoz del PP en el Parlamento de Andalucía se enfrenta a un otoño caliente que va a ser aprovechado dentro y fuera de su partido para agitar el entorno político. Unos ajustarán cuentas, porque la venganza es un plato muy español y por eso gusta de servirse frío, pero otros aprovecharán la lluvia de sopapos para eliminar rivales en el panorama provincial, sobre todo, pero en el regional también.

La ex alcaldesa abderitana fue investigada en su momento por los contratos concedidos desde el Ayuntamiento de Adra, siendo ella primera edil, a la academia de formación de su marido. La socia de éste fue nombrada asesora y con ello jefa de gabinete, no de prensa, sino personal, y para rematar la faena cuando la designaron delegada del Gobierno en Andalucía dejó a su marido en la plaza que ocupa de técnico en el área de deportes del ayuntamiento de Adra con un plus de productividad fijo de 600 euros. Bien, por una parte lo de plus de productividad fijo es una aberración administrativa, aunque es una técnica muy del PP y de hecho en Almería todo la plantilla de la Policía Local cobra un plus productividad ya trabajen en oficina o pateando calle, lo que tampoco es legal tal y como han denunciado en incontables ocasiones los sindicatos de este gremio. De otro lado, aunque se investigaba en esos momentos el hecho de que se la nombrase delegada del Gobierno, jefa política de la Policía, terminó enfriando el asunto.

Pero el Caso Crespono se ha congelado, la oposición espera sencillamente a que empiece el curso parlamentario para devolver a la portavoz del PP cada una de las acusaciones, insinuaciones o críticas que en los últimos meses ha hecho con los casos formación de la Junta,- archivados judicialmente-, y tantos otros con los que se ha venido arriba durante meses mirando la paja del ojo ajeno sin recordar que en el suyo propio tenía mucho que limpiar.

La crisis a la que se enfrentará ahora será en el escenario andaluz y corre el riesgo de que la tomen como cabeza de turco en lo aires de regeneración y limpieza que los populares tendrán que tragar si al final llegan al gobierno. La crisis del caso Crespo todavía no ha empezado, y la mala gestión del conato inicial, intentado parar el golpe desde el propio ayuntamiento con declaraciones de sus compañeros concejales, el alcalde o CSIF como sindicato afín al PP, no han conseguido mas que echar leña a un fuego que no se ha generado por causalidad y en el que ha mostrado sus cartas, algo que ilusiona a sus menos amigos de Almería.

Crespo, ayudada por el refajón mayor de la taifa almeriense-, aún dolido por no ser delegado del Gobierno-, era la opción más clara para oponerse a la sucesión de poderes que Gabriel Amat, presidente provincial del PP, pretende hacer con Javier Aureliano García y cuatro más. De hecho era un secreto a voces y los movimientos cada vez más evidentes, sobre que Crespo contaba con el apoyo de un Juan Manuel Moreno, presidente andaluz y cansado de los titulares de presunta corrupción que periódicamente azotan al anciano Amat.

Con el caso Crespo a las puertas del parlamento blanquiverde y los descartes que vaticina, los poco fieles que aún le quedan a Comendador, ex alcalde de Almería, ven un punto de luz al final de túnel que puede suponer su última oportunidad antes de terminar de ahogarse, y de camino vengarse, y obviamente entre esos no están ni Javier Aureliano García ni el chaval este  que es ahora alcalde de la ciudad y de cuyo nombre nunca consigo acordarme. Pero vamos, ni yo ni el 90% de los almerienses.

 

Qué sucederá con Carmen Crespo
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