jueves. 04.06.2026

Hace unos años, cuando comenzó toda esta historia de las redes sociales, un tipo llamado Hulk Hogan, un luchador muy famoso en EE.UU. que ahora se deja ver como uno de los apoyos de Donald Trump, le ganó 140 millones de dólares de indemnización a Gawker, que por aquel entonces era eso, el inicio de un red social. La historia fue más o menos y a grandes rasgos, que uno de los creadores de contenido de Gawer subió una publicación sobre Hogan que se hizo viral y dañó seriamente su imagen pública. En ese caso se consiguió que la red social, como plataforma que soportaba lo que otros publicaban, fuese la responsable civil subsidiaria de una indemnización que, era obvio, el perroflauta que la publicó no podría pagar.

Esa historia tiene, además, una parte menos conocida pero terriblemente importante. La acción judicial contra Gawer no la pagó Hogan, sino Peter Thiel, que fue uno de los fundadores de Paypal, junto Elon Musk. Luego pasó de inversor a Facebook y actualmente parte de su consejo de administración. Thiel se ofreció, además, a pagar otras acciones legales de la misma índole contra esa compañía que, en definitiva, era una especie de Twitter y Facebook, a la vez, con unas tasas de crecimiento en sus inicios realmente bestiales, con 25 millones de visitas al mes, que en esa época, la prehistoria de las redes, era sencillamente una barbaridad.

Lo que nos interesa es que esta red, como otros aglutinadores de contenido de la época, fueron condenadas a pagar. Poco después, los mismos que financiaron la caída de esos pioneros, se compraron una ley que les eximía de responsabilidad civil subsidiaria una vez limpiado el patio de competidores. No olvidemos que en los países bipartidistas, donde los privados financian las campañas políticas, luego pueden decidir o influir en lo que se legisla y con qué enfoque se hace. Eso si directamente no te hacen ministro.

Y todo esto viene a cuento de que si ahora que Twitter no es Twitter sino X, y su dueño es Elon Musk, uno de los hombres más ricos del mundo y en breve también algo así como ministro del gobierno de Donald Trump, es momento de replantearnos si esas redes siguen siendo cosa de chavales o son un arma de destrucción masiva sin más pólvora necesaria que la propia maldad del ser humano. Que no es poca.

Y aquí es donde hace falta que el poder judicial de un paso adelante de los de verdad. Necesitamos un juez que condene a una red social valorando realmente el daño producido, y con ello acabamos con el problema de los bulos.

Es decir, si esas redes se usan para generar tendencias, potenciar nuevos líderes con sus algoritmos o silenciar a quienes no les interesa con el llamado shadow ban, tienen todos los ingredientes para ser responsables civiles del daño que generan aquellos que usan sus plataformas.

Dicho de otro modo. Si un sindicato es responsable civil subsidiario del daño generado por uno de los suyos con su gestión fraudulenta. Si una empresa paga por los errores de sus trabajadores y un medio de comunicación por lo que escribe o dice uno de sus redactores o colaboradores, por qué no pagan las redes sociales por aquello en lo que son responsables exclusivos de que tenga audiencia, un escaparate para hacerse ver, convencer o atraer.

La ley es clara, son también responsables civilmente, en defecto de los que lo sean criminalmente, las personas jurídicas titulares de cualquier medio de difusión escrita, hablada o visual, por los delitos cometidos utilizando los medios de los que sean titulares. Y sigue diciendo que la calumnia y la injuria se entienden hechas con publicidad cuando se propaguen por medio de la imprenta, la radiodifusión o por cualquier otro medio de eficacia semejante, como una red social. La ley española no deja puntada sin hilo al dejar escrito que será responsable civil solidaria la persona física o jurídica propietaria del medio informativo a través del cual se haya propagado la calumnia o injuria. 

Por muy mal que pueda caer Pedro Sánchez, culpable hasta del mal tiempo en España, acusarle de asesinato, estafa, robo etc debe tener un límite, porque de no ser así, mañana mismo el chorizo, estafador y envenenador de turistas será el dueño del bar o chiringuito en el que te cayó muy mal el camarero. Sánchez se juega unas elecciones y depende de la inteligencia de la gente, pero tiene equipo y medios para contrarrestar todo eso, pero el dueño del bar se juega cerrar su negocio como una sola acusación de ese tipo que se haga viral. Y ponte luego a buscar al autor si, además, es un perfil falso de un niñato de 14 años que, mira por dónde, es inimputable. 

Para flipar en colores.

Que pague Twitter por sus bulos
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