Creo que tenemos que sentarnos a hablar, cada uno consigo mismo, e intentar sacar alguna enseñanza de lo que hemos vivido. Llegar a un acuerdo sobre dónde están los límites. Pero esa negociación es contigo mismo, tú y tu conciencia, tus valores, la imagen de cómo debe ser esa sociedad en la que quieres vivir…
Ayer se difundieron en redes sociales múltiples bulos que asociaban la causa del apagón a fenómenos meteorológicos extraordinarios, ciberataques o responsabilidad de potencias extranjeras, así como mensajes que alentaban el pánico y la desconfianza hacia las instituciones. Red Eléctrica Española (REE) no atribuyó el fallo a “vibraciones atmosféricas” ni difundió advertencias de retirada de billetes; la Comisión Europea no responsabilizó a Rusia; no existen pruebas de ataques informáticos masivos que causaran el apagón, y no hay evidencia de planes de saqueos ni alarmismos justificables. Al final te voy a dejar unos cuantos ejemplos de esos bulos, pero eso, al final; que esta columna, como espero que lo sea tu comentario, va de contarnos lo que hicimos ayer en un día tan excepcional.
Durante el apagón se nos volvió a ir la mano, la pinza, el sentido común.
Yo empecé como todos, imagino: saliendo a la calle, preguntando al vecino, intentando llamar a los teléfonos de asistencia para averiguar algo. Visto que era imposible y estando sin batería en el portátil, me subí a la moto y fui a hacer unas compras. De camino al súper me encontré con un helicóptero de Salvamento Marítimo, justo en la desembocadura del río Andarax, haciendo unas maniobras poco comunes tan cerca y tan bajo que fui a husmear.
Hasta ahí todo bien, pero al retomar mi destino original me di cuenta de que el apagón no era solo en mi barrio. No tardé en descubrir que los semáforos no funcionaban; los supermercados, excepto Mercadona —que tiene generador de gasoil—, estaban cerrados…
Hacer la comida improvisando con la situación excepcional fue hasta divertido, y escuchar la radio por el teléfono móvil, algo usual en mi caso. Por la tarde me fui a hacer deporte. Sin portátil ni manera de cargarlo, tampoco me iba a volver loco. Entre seis y diez horas después probablemente todo volvería a la normalidad, así que moto y a disfrutar.
La primera bofetada de realidad la recibí al pasar junto a la gasolinera de la desembocadura del río: más coches de policía que en un desfile y una cola de turismos que jamás he visto, esperando a echar gasolina. Coches cruzando líneas continuas para sumarse a la cola sin tener que ir a la rotonda que hay 300 metros más adelante… Un desastre.
Desaparecí del mapa de cuatro y media a ocho y media de la tarde. Con dos cojones molineros, y al llegar a casa de vuelta, acompañé a mi mujer a hacer un par de recados. Vamos, también por husmear.
En la farmacia una señora ofrecía dejar su DNI en prenda al no tener efectivo para pagar. No le aceptaron el ofrecimiento y sencillamente se fiaron de ella. En el chino, la cola de gente comprando linternas, pilas y mil cosas totalmente innecesarias fue como para darse la vuelta. Que fue lo que hicimos.
En Mercadona, “abiertos hasta que aguante el gasoil”, no paraba de entrar y salir gente, sobre todo jóvenes, preparándose para una noche casi como de fiesta ilegal en plena pandemia. Yo ni entré a comprar velas; decidí apañarme con lo que tuviese en casa y punto pelota.
Obviamente, me tomé unas cuantas cervezas que se estaban calentando demasiado, y me preocupaba que la rotura de la cadena de frío las echase a perder. Nos peleamos un poco con los teléfonos móviles para comprobar si había forma de leer o escuchar algo, pero nada. A la cama y… a leer.
En mi caso la luz llegó a la 1:08 exactamente. Estaba despierto y se encendieron algunas luces de casa, la nevera empezó a pitar y las persianas que se habían quedado subidas empezaron a bajar. A la 1:14 subí a WhatsApp un mensaje: “ya hay luz”, y con ello volvió la posibilidad de ponerme mi mascarilla de apnea y empezar a dormir, que obviamente no estaba siendo nada fácil.
¿Y el día después qué?
Lo primero, un paracetamol para paliar los efectos de la cerveza que se estaba calentando demasiado y que terminó por calentarme en exceso a mí. Y lo segundo, echarme las manos a la cabeza al descubrir las barbaridades, gilipolleces y animaladas que se llegaron a decir en redes sociales sobre el apagón.
Desinformaciones detectadas
Causas meteorológicas y astronómicas
- Falso: que REE achacó el colapso a “vibraciones atmosféricas” o tormentas solares. REE desmintió expresamente cualquier vínculo con fenómenos naturales inéditos. La Vanguardia
- Falso: atribución al “fenómeno atmosférico raro” que afectó también a Portugal, presentado como causa única. Wikipedia
Responsabilidad de potencias extranjeras
- Falso: que la Comisión Europea o Ursula von der Leyen culparon a Rusia de provocar el apagón. Maldita.es desmintió esa acusación. Maldita.es
- Falso: supuesta revelación de la UE sobre “ciberataques rusos” para desestabilizar España. Wikipedia
Ciberataques y hackeos
- Bulo: que un gran grupo de hackers internacionales ejecutó un ataque masivo para colapsar la red eléctrica. El Confidencial señala que no hay indicios de intrusión externa en los sistemas de control. Newtral
- Bulo (viralizado por Iker Jiménez en redes): supuesta filtración de un técnico que advertía de brechas de seguridad que no han sido corroboradas. elconfidencial.com
Alarmismo social y pánico
- Bulo: mensajes que invitaban a saquear supermercados y “prohibían” circular tras el apagón. ElHeraldodeAragón los incluyó en su lista de bulos del día. heraldo.es
- Bulo: llamada a replegarse en “zonas seguras” por temor a disturbios generalizados. Compartido masivamente en Facebook por perfiles anónimos. Log in or sign up to view
Teorías conspirativas
- Bulo: que empresas eléctricas coludidas con el Gobierno programaron el corte para beneficiar a fondos de inversión —ninguna fuente fiable lo respalda—. El Debate
- Bulo: rumores sobre “nueva normativa” que obligaría a la población a racionar la luz en un plan de emergencia ficticio. Boatos.org
Ejemplos en redes sociales
- Twitter/X: hashtags como #BlackoutEspaña vinculaban el incidente a “experimentos secretos” y a teorías de control de masas.
- Facebook: cadenas de mensajes con capturas de pantalla de supuestas “alertas oficiales” que reclamaban refugiados masivos en centros de evacuación —todos falsos—.
- Telegram: canales anónimos difundían mapas interactivos con zonas “en riesgo” de desabastecimiento, sin base en datos reales.
