domingo. 14.04.2024

Uno de los problemas que padece Almería es, esencialmente, que tenemos todos los huevos en la misma cesta cuando hablamos de turismo. Es decir, que está todo enfocado para el disfrute de los elementos naturales que nos rodean y que nos hacen distintos por la cara, nunca mejor dicho, porque pese a los muchos años que llevamos viviendo de esto, son muy poquitas las cosas que se han hecho desde las administraciones públicas para compaginar con esto del sol garantizando, playas interminables, buen tiempo permanente, ausencia de lluvias, etc.

Así las cosas, si se nos pone una nube encima, pega un vendaval del carajo y hay amenaza de lluvia, no queda otra que ponerse a temblar. Y lo hacemos de manera tan evidente que si un turista pregunta ¿qué se puede hacer aquí un día lluvia? A lo más que vamos a llegar es a decirle que se busque un buen lugar para comerse unas migas.

Obviamente esto no es Málaga, Granada o Sevilla. Mucho menos Córdoba, pero duele que hasta Jaén, sin playa, tenga mejor montada su oferta turística como ciudad que nosotros.

La suerte que tenemos es que los bares son ese ecosistema independiente que, a golpe de cerveza y tapa, pueden hacer olvidar muchas penas. Pero incluso ahí estamos fallando, ya no por el precio, porque ser barato te convierte en esclavo del cliente más tirano y no es precisamente un hecho diferencial que genere fidelidad. Me refiero a que nuestra identidad era otra, de bares con plancha, freidora, grandes barras y ese apoyo genial para poner el pie mientras con una mano trincabas la barra y con la otra una cañita… qué tiempos de autenticidad. Y ojo, aún queda algo por ahí como el Quinto Toro, Bonillo en calle Granada, Puga y Bahía de Palma en la Plaza de la Administración Vieja. Pero son raras las excepciones.

A lo que vamos, qué hacer un día de viento y lluvia, que no sea únicamente comer migas.

A mí me gusta especialmente la Almería musulmana y romana, por lo que un plan divertido es buscar esos rincones que nos hablan de la tierra que pisamos. Sin duda alguna el mejor ejemplo es el yacimiento Puerta de Almería, en el Parque Nicolás Salmerón, que alberga los restos de una fábrica romana de salazones y el enclave de una de las puertas árabes de la ciudad. Lo importante de este lugar, en nuestro tiempo, es que se trata de uno de los muy escasos ejemplos que hay de cómo deben integrarse los restos arqueológicos en el entorno urbano. Y muy cerca de allí uno de los lugares más asombrosos y desconocidos es el yacimiento que puedes ver desde la cafetería del centro de servicios sociales Casco Antiguo, en la calle Chafarinas, aunque creo que está cerrado.

El problema es que si alguien entra en Google para hacerse una ruta por lugares de interés histórico en Almería, que es exactamente lo que haces si visitas cualquier otra ciudad, el resultado es sencillamente desalentador. Y si la búsqueda la realizas directamente ojeando maps, no pasas de la Alcazaba y el Museo Arqueológico. Muy dignos ambos, yo diría que sobresalientes. Pero también es cierto que no hay mucho más, y si lo poco que hay no lo mantienes te encuentras con comentarios como el de J White, un visitante que tras subir hasta la muralla en el cerro de San Cristóbal dejaba este regalito para los despistados: “Suciedad y coches aparcados bajo un monumento. No me imagino esto en Segovia, Ávila, Burgos, Santiago de Compostela, Granada...¿por qué en Almería si?”. Pues eso, yo que soy de aquí tampoco, pero es lo que hay.

gacelas
Centro de rescate de fauna Sahariana

Ahora bien, si te quieres hacer unos selfis chulos de verdad, busca lugares como la calle Encuentro, el Patio Fernández, y hazte uno con la Alcazaba detrás desde el Puente de Pescadería La Chanca. Cómete unos churros en la Plaza de Pavía y compra dulces de Semana Santa en la panadería La Torre (horno de leña) de la calle Socorro. Vas a flipar sólo con llegar al lugar. Pasea por las calles de la Almedina o sube, sin miedo, por la calle Chamberí hasta la finca experimental de la Hoya, un centro del CSIC para el rescate de fauna Sahariana, donde verás desde el exterior asombrosos ejemplares de gacelas dama Mhorr, Arrui sahariano y gacelas de Cuviero del Atlas. Y digo sin miedo porque esa será quizás la zona más deprimida de Almería, pero sólo es gente extremadamente humilde. Lo único agresivo que hay ahí es el entorno y cómo les trata ciudad. Ojo, desde La Alcazaba, o haciendo senderismo hasta el acueducto de La Chanca también lo puedes ver.

Y luego ya, si acaso, vas y te comes las migas.

Qué hacer en Almería con mal tiempo
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