Javier A. Salvador, teleprensa.com
Que el plan general de ordenación urbana de Almería lleve diez años de tramitación le trae a la gente sin cuidado. Al ciudadano de a pie, a ese conjunto de personas que suma más del 95% del total de impuestos que se recaudan, les importa lo mismo cuánto y cómo se va a construir en ciudad que el color de los mojones en la carretera de Cuenca. Y por eso resulta poco creíble, por no decir insultante, que un alcalde al que habrá que ponerle coto a las cosas que se le perdonan por su juventud, inexperiencia o candidez, -porque mala leche para lo que quiere ya tiene-, venga a contar que por culpa de no tener PGOU Cruz Roja no podrá trasladarse a tal sitio, o que eso retrasa la llega de un Corte Inglés que tiene el mismo interés en Almería que Groenlandia por nuestro modelo de cultivo bajo plástico empieza a ser cansino. Que nos expliquen quiénes viven en Castell del Rey y qué empresas tienen pensado hacer desarrollos allí tras haber comprado suelo recientemente, para que ahora sea prioritario legalizarlo y no dos pgous antes, que también existía la urbanización.
El PGOU pone nervioso a un reducido grupo de gente que, posiblemente, sumen más poder económico juntos que el 80% de la población del término municipal, pero hay que entender que a la gente de la calle lo que le preocupa es, en primer lugar, el paro y en el segundo la corrupción. Y aquí es donde está la madre del cordero, porque un PGOU sirve para muchas cosas, pero sobre todo para determinar por dónde crece la ciudad y la edificabilidad de cada parcela y eso, hasta ahora, ha llevado a corruptelas como las que ahora la Guardia Civil documenta en los casos de Castellón, Valencia, Alicante o Murcia y sus gobiernos, casualmente del PP todos ellos.
Si tuviésemos tiempo y recursos podríamos decir uno a uno los grandes beneficiados de ese gran planeamiento al que la Junta de Andalucía no da vía libre, pero tenemos que entender que el PGOU es como un juego entre tronos. Unos lo utilizan para conseguir apoyos, poder y enormes beneficios y otros para bajarle los humos a esos que han vendido las aceitunas a la almazara antes de plantar los olivos.
El PGOU es el modelo de planeamiento de la ciudad ¿pero de los ciudadanos que viven en ella? Si salimos a la calle y preguntamos a la gente sobre lo que contempla ese documento, en qué afecta a su barrio, calle o lugar en el que le gustaría vivir, dónde irán los nuevos centros comerciales o si están conformes con la ubicación del primer rascacielos que se construirá en Almería, sencillamente se les quedará la misma cara que se le ha quedado al joven equipo de gobierno de la capital.
La Junta dice que es un problema de aguas, pero lo que parece es que esta ciudad hace aguas y la oposición, que sumaría mayoría absoluta alternativa, no parece tener el más mínimo interés en cerrar el grifo.
