Javier Salvador. Periodista
Cuando llegamos a los tres millones de parados después de rozar casi el utópico pleno empleo, nos dimos cuenta de que la crisis había llegado y con fuerza. A los pocos meses, en pleno ascenso hacia los cuatro millones, concluimos que el Gobierno de España no daba una con las políticas de reactivación, pero ahora que vamos desbocados hacia los cinco millones de parados resulta que perder el empleo en estos tiempos es un proceso natural por el reajuste global de la economía, una explicación que merece un contundente ¡Manda huevos!
Yo lo veo de otra forma. Si Zapatero no valía su peso en harina por su gestión de la crisis, Rajoy no se le queda lejos, sobre todo porque nos cansaron de repetir sus promesas de creación de empleo y hasta parecía chulesca esa seguridad con la que afirmaban tener las claves para salir de la crisis sólo por el hecho de que ellos, como baluartes de la derecha política eran al mismo tiempo los que traían el maná que nos haría a todos volver al escenario de los años dorados de la economía. Y claro el problema es que al final pasó como aquello de la adivinanza de oro parece, plata no es, y tu verás si lo pelas y te lo comes o le das cualquier otra utilidad.
Bien. Pues a tener claro que la pérdida de empleo es algo esperado, consecuencia de esa reestructuración del mercado global, tendremos que globalizarnos todos un poco y conseguir que las decisiones las tomemos entre todos y que no decidan por nosotros aquellos que llegaron al Gobierno prometiendo literalmente lo contrario de lo que están haciendo.
El PP sabe que tiene un problema serio, gordo, y si bien no se esperaban llegar tan alto con una mayoría absoluta así de primeras, la cuestión ahora es que ven que la caída les puede hacer no daño, sino añicos. Ya corren rumores no de problemas internos que podemos escenificar en qué hacer con Arenas si no es compatible con Cospedal o si Aguirre no está detrás de los movimientos separatistas del PP madrileño. El hecho de que Feijóo, en Galicia, eliminase las siglas de PP en la mayor parte de su cartelería de campaña y que casualmente no apareciese junto a Rajoy en los actos públicos, o que Mayor Oreja se quiera cobrar las orejas de Basagoiti en el País Vasco tras su caída en las pasadas autonómicas. El problema de tantos frentes abiertos es que la derecha empieza a mirar hacia el pasado para encontrar su línea de futuro, es decir, que tantas sensibilidades pueden caber bajo un mismo paraguas, pero siempre y cuando lo sean con nombre propio. Y así, un PP que no aceptaría una España Federal, va camino de convertirse en una federación de partidos, porque ya son unos cuantos los que están a un paso de emular a Álvarez Cascos en Asturias y crear formaciones, unas de centro, otras de derechas y otras personalistas, pero dejando claro que ni están dispuestos a rendir pleitesía a Rajoy ni mucho menos piensan compartir la caída de éste por no saber, poder o haber tenido que mostrar una camino para salir de la crisis cuando fue precisamente lo que prometió.
Y sí, así está el patio, y verán como no tardaremos mucho en contarles aquello de que los barones del PP reclaman más peso específico y hasta identidad propia dentro del propio partido y, ahí queda el augurio, incluso con siglas propias y diferenciadoras por si las moscas.
En fin, la cosas que pasan por prometer tres millones y medio de puestos de trabajo antes de la campaña y aceptar un año después que llegar a los cinco millones de parados es un proceso natural dentro del ajuste de la nueva economía. Lo dicho “manda huevos”.
