jueves. 04.06.2026

Javier Salvador, @jsalvadortp

Me gustó y mucho lo que escuché del debate de investidura. Tanto los ataques de Pablo Inglesias a todos como las respuestas de un Rajoy experto en el manejo de la tribuna de la madrileña carrera de San Jerónimo, aunque el discurso inicial de este último fuese un pasaje aburrido de quien sabe que a la cuarta va la vencida.

Me gusta, incluso, que la sesión de verdad se celebre bajo la presión de una manifestación, y ojalá que la iniciativa de rodear al Congreso sumase tanta gente como para darle dos y hasta tres vueltas al edificio, pero todos sabemos que un grupo de apenas 50 capullos terminarán poniéndose los pañuelos en la cara para montar la bronca final que desvirtuará la protesta en sí. Ojalá que la madurez que nos debería aportar estar un año sin gobierno sirva para que ese no sea el episodio que resuma toda la jornada en las portadas de los informativos, pero me temo que al final así será.

Ahora bien ¿a quién van a engañar? Todos, absolutamente todos, sabemos que terminado el postureo del momento televisivo cada uno de los toritos bravos de la política española actual volverán a corrales. E PSOE volverá a ser protagonista hasta que finalice su proceso de reseteo y se aclaren quién son los críticos, porque si hace unos días lo eran quienes ahora son la gestora, hoy lo son quienes hacen dos semanas eran la línea oficial.

Tendrán tiempo porque hacer oposición será fácil, ya que quien no vote en contra de las medidas del Gobierno que no gusten, sencillamente estarán con él. Más o menos como el propio Pablo Iglesias cuando no se sumó al primer intento de nuevo gobierno de Pedro Sánchez, que cosechó el No de Podemos y del PP, entre otros, pero particularmente de esos dos tan enfrentados.

Ahora bien, de la oposición a lo Podemos yo tengo mis particulares dudas. Lo crean o no en un rincón de Almería llamado Adra gobierna el PP con la abstención de quienes sus votantes creían que representaban esa fusión llegada de la negativa de los morados a presentarse a las municipales, pero con su apoyo a modo plataformas ciudadanas que representasen ese lado rebelde de las calles. El resultado fue de 9 concejales para el PP, 8 PSOE, 3 el conglomerado podemesco y 1 ciudadanos. Al igual que en el Congreso de los Diputados, los resultados daban todas las posibilidades de una opción de cambio, pero los odios entre vecinos de un mismo bloque dejaron en el sillón al Rajoy de Adra.

Meses después, desde la oposición, los chicos de la plataforma ciudadana devolvieron a la actualidad los favores hechos al clan Crespo, no el de la Gürtel, sino el de Adra, sacando a la luz un complemento de productividad concedido al marido de la Portavoz del PP en el Parlamento de Andalucía, anterior alcaldesa, y mantenido durante años pese a la flagrante irregularidad que ello supone. Un golpe de efecto perfecto, pero no hubo moción de censura. Denuncian con una actividad frenética desde la oposición la ruina del pueblo, los desastres causados por las privatizaciones de los servicios y todo lo imaginable, pero el alcalde sigue siendo del PP. Manteniene a los mismos asesores, las mismas productividades, y se descojona de cada nota de prensa que saca la oposición porque sabe que al final no pasarán de ahí, del titular, la bronca y del rodeo de ayuntamientos o congresos, porque la madurez política que les falta les ciega de tal manera que les lleva a lo que yo llamo la oposición del canto del gallo. Mucho quiquiriquí, pero luego son tan capaces de dejar que Rajoy sea presidente como de que el acalde de Adra al que critican a diario siga ocupando el sillón del primer edil, aún representando todos los males que ellos mismos denuncian.

De mear y no echar gota, que decía un amigo mío.

Oposición del canto del gallo
Entrando en la página solicitada Saltar publicidad