martes. 27.02.2024

Está absolutamente claro. Media España quiere una guerra, de una o de otra forma, ya sea en Cataluña o contra la inmigración y el islam, pero hay medio país que está convencido de que el mejor camino para ser un país perfecto y “libre” en su modelo o configuración de Estado, es sencillamente una guerra.

Podemos optar por una guerra interna, que sitúe el escenario en una región concreta, como Cataluña, donde esta vez, en vez de mandarles el barco de Piolín, podemos enviar los tanques que aún no hayamos enviado a Ucrania y las balas que queden en los arsenales. Y si no quedan no pasa nada, porque no olvidemos que este país tiene cierta importancia en la fabricación de armas con sus municiones, y a los grandes señores de esta industria no les importa generar más empleo si la demanda es creciente.

Aunque, hay un pequeño problema, y es precisamente que la mayor parte de esos fabricantes están en País Vasco y Cataluña, y si entramos en guerra con ellos, igual tomarían esas fábricas… Y así las cosas, creo que no sería una buena idea ver a La Legión tomar las Ramblas de Barcelona.

No. Va a ser que mejor no.

Pero no pasada nada, tenemos la otra opción, mucho más democrática, porque así todos los territorios de este país tendrían su pequeña dosis de guerra. Guerra a los moros. Incluso,- mira que chulada-, cabría la oportunidad de poder organizar milicias populares y repartir armas entre todos para así generar una España grande, libre y unida hasta la muerte. Y a todo el que llegue con una pulsera española en la mano derecha le hacemos cabo. Así, de gratis. Y bueno, si tienes ya el carné de ultraderecha el pack de bienvenida podría incluir un subfusil automático y los galones de sargento, porque el verdadero patriotismo hay que premiarlo.

Para empezar esta guerra sólo tenemos que repetir un par de veces, bien alto, lo que se pidió ayer en el Congreso de los Diputados. Arreando para casa todo inmigrante ilegal sin papeles, y con papeles que parezca sospechoso ¡Ni asilo ni hostias! Con un nombre en árabe o extranjero y el color de piel más tostado de la cuenta sería más que suficiente. Y que tenga cuidado Jon Rahm, que ese nombre y ese moreno no parecen muy españoles salvo que se quite la gorra de golfista.

Así, incentivamos rápidamente protestas en la calle, que tendrán su obvia respuesta porra en mano. De ahí pasamos a los atentados, porque quietos no se van a quedar, y como respuesta ya sí que nos podemos hacer un Felipe III, es decir, expulsamos a todos los moriscos como en 1609. Nada nuevo para el imperio que unos cien años antes ya había cursado el máster en la materia expulsado a todos los judíos.

Aunque claro, si la otra mitad de España no quiere guerras, igual lo mejor sería hacernos otro 36. Unos contra otros y ya vemos quién la tiene más larga. Pero antes de ello, les invito a un rato de tele, de historia, de cine, que vale la pena recordar de dónde venimos y lo que ya padecimos Pincha Aquí para aprender lo que es jugar con fuego en España.

Media España quiere una guerra
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