jueves. 04.06.2026

Javier Salvador. Periodista

Tengo un familiar a la que siempre he chinchado por su incansable búsqueda de la mejor oferta pese a que para ello tenga que patearse todo tipo de establecimientos. La verdad es que es un hobby que viene muy bien a los demás, porque cuando buscas algo ya sabes a quién llamar y te dice dónde y cuánto. Vamos, una enciclopedia de la compra inteligente y con mas filtros que las organizaciones de consumidores. Un familiar a la que desde hoy doy toda la razón del mundo y prometo no volver a meterme con ella por ese análisis continuo de la cesta de la compra.

Yo, por el contrario soy de los que tiraban por la calle de en medio, es decir, al centro comercial, mis lugares de siempre, donde todo vale más o menos lo mismo, te llegas a creer que es más barato en ocasiones y que tiene la peculiaridad de que si se trata de algo destinado al bricolaje nunca terminarás de ponerlo o utilizarlo correctamente.

Pero lo último que me quedaba por escuchar era que para hacer una reforma de hogar lo mejor que puedes hacer es irte a un Leroy Merlin o similar y hacer allí el acopio de todo, porque te va a salir más barato. Y ojo, me lo decía un amigo al que no le cuelas un metro de obra más de cuenta así le tapes los ojos.

Pues bien, lanzado el consejo, me dispuse a experimentar esa orgía del ahorro, pero algo no me cuadraba. Me fui al Leroy Merlin de Roquetas de Mar, configuré mi cuarto de baño renunciando a todas mis ideas originales porque de lo que no hay en stock resulta que no existe un plazo más o menos fijo que te permita programar obra, y al final te vas ajustando a su desajuste. Sumando una losa por allí, una mampara por allá, las conexiones y la bisagra de la puerta te crees que vas a cerrar el presupuesto pero no, aún te queda el jodido rodapié.

La cantidad no era de chollo, ni mucho menos, así que antes de cerrar el pedido decidí jugar una última carta, es decir, ir a los de siempre de toda la vida. Así, justo enfrente de ese Leroy Merlin, donde las escobillas son realmente baratas, hay un enorme rótulo de Roca de un distribuidor provincial y decidí probar. Bueno antes lo hice en otro que estaba justo al lado, pero como era hora de casi cierre prácticamente me invitaron a salir por piernas.

No obstante en este otro que les digo, un tal Emilio, surgió algo espectacular. Por lo pronto me atendió alguien que sabía de lo que hablaba perfectamente. Gusto, tacto y una proactividad clara para encontrar esos materiales que al final se ajustan a los ejes fundamentales de toda obra: precio y la idea que tiene tu mujer de lo que quiere poner.

Pues bien, sumando hasta el dichoso rodapié. Tirando de largo como en la vida lo había hecho porque te sentías cómodo comprando y hasta protegido por alguien que te acompañaba en las decisiones más complicadas (texturas y colores), la tecla dio un resultado a mi favor de nada menos que 700 euros, sin exagerar, y tirando a productos de marca de toda la vida. Es decir, que hasta mi madre hubiese dado su aprobación.

Qué quiero decir con esto. No se trata de criticar a Leroy Merlin, Bricomart o BricoDepot, que son los que tenía más cerca y visité, sino de hacer ver que igual estamos muy equivocados en cuanto a la utilidad de cada uno de esos lugares. Lo que puedo afirmar sin miedo a equivocarme es que encontrar lo realmente bueno, bonito y barato no es sinónimo de gran superficie, sino de comercio de toda la vida y si no es así, por lo menos, hay que darles una oportunidad porque la sorpresa puede ser mayúscula.

Más barato que Leroy Merlin
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