Javier A. Salvador, teleprensa.com
Lo difícil hubiese sido no pararse a escuchar, pero me quedé helado.
El pasado jueves conforme regresaba de una reunión escuché una de las mayores gilipolleces que en broma o en serio puede decir una persona. Caminaba por la calle Hospital, en el casco histórico de Almería, en dirección al viejo arco que da a Real, y en la puerta de un bar cuatro personas charlaban entre animada y preocupadamente. El grupo me llamó especialmente la atención porque uno de sus componentes es un viejo conocido de los comerciantes almerienses y un par de días antes le había visto en la foto de un periódico. El comentario fue demoledor: “¡calla!, que a ver si te meten en Torrecárdenas, - refiriéndose al hospital central de Almería- y te sacan peor, que te meten sangre de esa y sales maricón”.
Para los no avanzados traduzco el sentido de la frasecilla por si no ha quedado claro. Que no, no hablamos otro idioma, pero muchas veces lo hacemos tan rápido y comiéndonos tantas palabras que casi hemos inventado un dialecto, el del buen entendedor que usa pocas palabras. La criatura quería decir, exactamente, que “gracias” a la a sentencia C-528/13 del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ahora puedes ir al hospital tranquilo, sin miedo, porque si te hacen una transfusión de sangre la criatura cree que ya no será de un hombre que ha tenido relaciones con otros hombres. Excluida esa posibilidad, queda claro, -nos pone sobre aviso- de que ya no hay peligro de contagio. Es decir, que uno de esos accidentes ya no vuelves gay, aunque si eras gilipollas antes de entrar, gilipollas te vas a quedar.
El problema es que de los cuatro que estaban en el círculo de charla, el autor de semejante perla fue el más joven de todos, pero ninguno de sus compañeros de tertulia llegó a decirle nada que corrigiese la deriva de esa conversación, sino que entre todos ellos empezaron a improvisar leña que echar a ese fuego. Me resultó tan interesante que paré en seco, saqué la tableta de la funda y apunté el comentario textualmente para evitar olvidar hasta dónde podemos llegar. Iba a presentarme a ellos para hacer una mini encuesta sobre qué sabían de la sentencia en cuestión y sus antecedentes, pero unos días antes me había encontrado al único que conocía de los cuatro como interventor o apoderado de un partido político que, por otro lado, no hace mucho era premiado por una asociación de gays y lesbianas. Así que me limité a hacer fotos de la calle, con lo que ellos optaron por meterse en el local a seguir con su conversación.
Pero queramos o no ese grupo en la puerta de un bar de la calle Hospital de Almería es una realidad. No digo que las personas normales crean que la homosexualidad se contagie por mucho que la iglesia mantenga que es una enfermedad que tiene cura. Hablo de miedo, rechazo e intolerancia por falta de cultura, conocimiento o información en general. Hablo de que algo que dábamos por superado, está claro que ni por asomo está asimilado.
Cierto es que los medios de comunicación no hemos ayudado mucho en algunos casos, como en el de la sentencia en cuestión, porque más que limitar el derecho de los homosexuales a donar sangre, de lo que habla es de las medidas preventivas que se pueden tomar en aquellos grupos de población que mantengan relaciones sexuales de alto riesgo, y en eso poco tiene que ver el sexo de quien metes en tu cama ¿Te fiarías más de un donante que fuese continuamente de putas y en cualquier parte del mundo?
El problema de toda esta historia es qué imagen tenemos de la homosexualidad, de los gays, que nos lleva a generar debates tan extremos como los que ocasionó el dictamen del ato tribunal europeo. Yo creía que la imagen que tenemos de los gays y lesbianas está más de la pareja de papás que aparecen en el anuncio de CocaCola, pero parece que no es así, y eso es un poco culpa de todos.
Ahora bien, lo que me preocupa es el radicalismo del más joven del grupo, porque puede que sea un problema edad o una consecuencia de las cosas que se han dejado de hacer bien en los últimos años, y me inclino más por lo segundo.
