Javier A. Salvador, teleprensa.com
La caída de Gabriel Amat es un hecho irreversible y por mucho que acuse a El País de canallas, -quien se mete con uno de sus periodistas ataca al medio-, aunque el Ayuntamiento de Almería lance inexplicables notas de prensa en defensa del presidente del PP e independientemente de que la prensa local intente pasar de puntillas ante quien tiene en su firma buena parte de su presupuesto anual, a pesar de todo ello, la valoración de daños en estos momentos no se basa en lo que supone la desaparición del anciano político, sino en a quiénes puede arrastrar con él en su caída.
Ya no se trata de que El País le destape un presunto pelotazo urbanístico, que como político tenía que haber evitado por muy fuertes que fuesen las tentaciones, sino de toda una trayectoria. Amat también estaba en la compra y venta de los terrenos sobre los que hoy se ubica el único centro comercial de España declarado ilegal por un juzgado. Y no, no se trata de que nadie quiera ese centro, sino que de haberse hecho con un procedimiento transparente e igual para todos, otros también podrían haber optado a hacer ese negocio.
Lo que crea verdadera alarma social en las calles es una forma de hacer que en el caso de Olula del Río volvemos a ver. El día 14 de julio Gabriel Amat firma el contrato de una obra que se terminó en el mes de mayo. El mismo político que acusa de canalla a un periodista por sacarle un pelotazo urbanístico, monta todo un concurso para adjudicarle una obra a una empresa amiga con un proceso totalmente amañado, dando una vez más muestras del respeto que tiene por los procedimientos de transparencia y libre concurrencia que deben regir en las instituciones, en organismos provinciales en los que los secretarios, como funcionarios de carrera, tendrían que poner líneas rojas anti ególatras.
Esas normas de libre concurrencia y transparencia son las que deben permitir la igualdad de oportunidades que nunca existen cuando personajillos como Amat llegan al poder. Sin cultura, sin formación alguna, casi incapaces de hablar en público con un lenguaje entendible, personas que no son menos válidas que otras en la vida real pero que, sencillamente, en política y al frente de instituciones públicas se encuentran fuera de lugar por mucho dinero que atesoren y, más aún, cuando hay tantas dudas sobre el origen de esa riqueza que en medios nacionales se vincula una y otra vez con “pelotazos urbanísticos”.
Durante años ha habido protectores de Amat como Javier Arenas y Juan José Matarí, guardaespaldas locales como Eloísa Cabrera, su número 2 en Roquetas de Mar y ahora la número 3 en la lista del Congreso, justo detrás de Matarí y Rafael Hernando. En Almería consiguió hacer de los suyos a Javier Aureliano García dándole de golpe el poder económico que Luis Rogelio Rodríguez le dosificaba, mientras el propio exalcalde de la ciudad le dejaba hacer al propio Amat con tal de que no le entorpeciese a él mismo, como argumenta el escándalo destapado por El País.
Pero de todos los implicados en los tratos de Amat el que ha ido más lejos ha sido Javier Aureliano García, que con tal de aparecer en la foto ha participado en un mecanismo de contrataciones públicas que puede poner la Diputación Provincial de Almería patas arriba. Tan responsables son presidente como vicepresidente si, además, ambos comparten el número 1 y 2 del partido con el que se sustentan, el Partido Popular.
El caso de Olula del Río no es el de un terreno con el que esperaba dar un pelotazo que posiblemente ya nunca se materialice, aquí le han pillado en flagrante triple salto mortal sobre el procedimiento que marca la Ley de Contratos. Sencillamente se han reído de todos montando un contrato público para una obra que estaba hecha.
El Partido Popular tiene una papeleta que resolver y es delimitar quiénes van a caer con Amat. Este no es un asunto que se salde con el alcalde de Olula del Río como pagafantas de la historia. Una cosa es lo que hiciesen en su pueblo, pero otra muy distinta el manejo que ha hecho de la máxima institución provincial.
Ahora es Juan Manuel Moreno, presidente del PP Andaluz quien tiene que quitarse la torrija de encima y si le ocultaron la relación del inminente alcalde de Almería, Ramón Fernández Pacheco con José Alemán, -ex socio del anterior alcalde de la capital-, durante los años que trabajó para urbanismo de El Ejido mientras ocurría todo lo de la Operación Poniente, o su estrechísima relación con el abogado del Estado y principal imputado de la Operación Tres Reyes, que por lo menos no le metan este gol de Olula del Río.
