jueves. 04.06.2026

Javier A. Salvador, teleprensa.es

Como en todos los procesos electorales, a grandes rasgos todos los partidos han ganado, todos se han salvado y todos entienden que podría haber sido mucho peor. Pero también mucho mejor. Y es esa capacidad que tenemos de olvidar los miedos, aparcar los actos de contrición y mirar hacia adelante sin repensar sobre aquello que ayer mismo nos preocupaba tanto, es lo que en política se llama no aprender la lección.

Quizás uno de los lugares en los que se ha dado el resultado menos esperado desde el exterior sea Níjar, porque allí todos daban por sentado que la ultraderecha se llevaría como borregos a los agricultores de la zona al grito de todos los morenos sobran. Pero obviaron algo muy importante, que era mirar cara a cara a esos agricultores y preguntarles si realmente ese era su principal problema. Si acaso el agua no era más importante, las conexiones interiores del municipio, la promoción de su imagen o la unión de fuerzas para conseguir más y mejor para su territorio. Quienes se centraron en aquellas cosas que estaban en su círculo real de influencia han sido los que finalmente se han llevado el voto útil de los ciudadanos.

En Cantoria, otro de los casos a tener en cuenta, una mujer que hace cuatro años era absolutamente ajena a la política ha revalidado una mayoría absoluta que sencillamente humilla a sus contrarios. Frente a cuatro años de ataques personales, con juego sucio desde las administraciones de signo contrario, sus vecinos le han dado nueve concejales de once posibles. Lo único que ha hecho en este tiempo ha sido ocuparse exclusivamente de todo aquello que faltaba por hacer, y hacer que todos visualizasen con ella ese pueblo que pueden conseguir si siguen trabajando por el mismo camino. Sumando pequeñas cosas. Y vamos si les ha gustado esa imagen de futuro.

En Garrucha, una alcaldesa a la que se iban a comer desde el primer al último rizo por plantar cara a quienes nadie se había atrevido antes a hacerlo, sencillamente ha cambiado una ajustada mayoría absoluta de apenas trescientos votos de diferencia, por otra en la que duplica el resultado de su inmediato perseguidor.

En Fiñana, el hombre sin miedo, ha ganado a todos sus oponentes con una mayoría absoluta incontestable, cambiando la lista de arriba abajo, manteniendo tan sólo a uno de sus antiguos concejales ¿Renovación? Eso si es renovación y lo demás un puro intento de hacer ver que se hace.

En Los Gallardos el mismo tipo que hace cuatro años iba de número dos en la lista que ganó por mayoría absoluta, ahora se ha presentado en solitario, por otro partido, consiguiendo no sólo una mayoría absoluta aplastante, sino que él ha obtenido más votos que la lista con la que concurrió en 2015 como dos de la alcaldesa de siempre.

De Níjar me quedo con la credibilidad de su alcaldesa. De Cantoria con la fortaleza de una líder incontestable. En Garrucha encontramos el ejemplo de que la convicción de lo justo es la mejor herramienta para triunfo, y en Fiñana la demostración de que acometer cambios radicales no es sinónimo de darse un tiro en el pie.

Y en Los Gallardos tenemos el mejor ejemplo que nos puede dar este país de que las elecciones las ganan las personas, las buenas personas, y no necesariamente los partidos.

Las lecciones electorales de Almería
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