jueves. 04.06.2026

Javier Salvador, @jsalvadortp

La Almería del joven alcalde almeriense apesta. No es por las sospechas o investigaciones en asuntos como el Mesón Gitano, el centro comercial de Torrecárdenas y su extravagante gestión urbanística y esos otros asuntos que no terminan de convencer a muchos que, dicho sea de paso, tampoco han sido hasta ahora suficientes como para sacarlo de la alcaldía capitalina. Lo de que Almería apesta es real y no se debe a los pipís y cacas de los perros y gastos a los que han declarado la guerra desde el Ayuntamiento, y bien que lo veo, o a que los vecinos saquen la basura a deshoras, que tampoco es un comportamiento muy cívico que digamos. El problema que ocupa y preocupa a todos aquellos que viven en la margen Oeste del río Andarax son los olores, de malos a nauseabundos, que provoca la depuradora.

El problema es real y grave, pero no porque provoque una depreciación de viviendas ni nada por el estilo, sino porque es insoportable vivir en estas condiciones y porque, sencillamente, no es justo pagar impuestos de primera para unos servicios de tercera.

Los malos olores, la peste, el olor a mierda tratada industrialmente no es algo nuevo, pero sí que es cierto que durante el último año el problema se ha agravado de tal manera que disfrutar de una terraza o abrir una ventana para ventilar una casa es toda una osadía.

Para que todo el mundo se entere. Cenar en una casa de Nueva Almería, por ejemplo, es hacerlo oliendo a mierda removida como al dueño de la vivienda se le haya olvidado cerrar las ventanas o gastar cantidades industriales en ambientador.

El problema no es ya el padecimiento de los vecinos, sino que tiene no una, sino un millar de soluciones baratas e inmediatas. Tan sencillas son que hasta un concejal del equipo de gobierno de Almería sería capaz de encontrarla desde uno de esos iPhone que pagamos entre todos los almerienses. Sólo tienen que meterse en internet, que seguro que tienen tarifa plana invitada por los mismos que les pagan los móviles y poner en cualquier buscador “solucionar malos olores de depuradoras”. Con ejecutar esa sencilla investigación aparecen infinidad de referencias que llevan hacia soluciones tangibles, y ninguna de ellas son páginas de grupos ecologistas o perroflautas de los que producen urticaria a nuestros bien pagados ediles. Nada de eso. Desde recortes en Abc o La Razón, nada sospechosos de ser informaciones influenciados por la izquierda, hasta métodos y modelos desarrollados por distintos investigadores de universidades españoles. Y ojo, que si quieren ideas de fuera de España para justificarse un viajecillo también las hay. No hay problema, que siguen pagando los mismos.

Los vecinos han comenzado a movilizarse, pero se trata de gente demasiado educada a la que la mera recogida de firmas ya les parece una acción protesta decidida y casi diría que severa, pero es cuestión de tiempo, de muy poco, que entiendan que para unos concejales como los que gasta el equipo de gobierno de Almería ese tipo de medidas de presión son mariconadas a las que no hacen ni caso. Del desaliento que padecerán no me cabe duda que conseguirán encontrar el camino, que es mucho más corto del que imaginan, porque sencillamente la mayor parte de esos concejales viven en los mismos barrios que se están organizando ante el pestazo que soportan a diario.

El día que pasen de las firmas a retirarles el saludo o ser muy insistentes en desearles el peor de los días, igual, hasta son capaces de buscar una solución aunque sea en Google.

 

 

La Almería de Pacheco apesta
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