domingo 23/1/22

Primera hora de la mañana del 17 de noviembre de 2021. A un lado del hilo telefónico Juan Marín, vicepresidente de la Junta de Andalucía y también responsable de las áreas de Regeneración Democrática, Justicia, y Turismo. La última de ellas, el principal órgano inversor en publicidad institucional del gobierno andaluz. Al otro lado, frente al micrófono de la Cadena Ser, la periodista Ángels Barceló, que le entrevista por la filtración de su intervención en una reunión del grupo parlamentario de Ciudadanos en Andalucía en la que dijo, textualmente “tenemos ya unas cuentas públicas ¿Para qué hacer otras que van a implicar recortes y que no vamos a poder prácticamente ejecutar?” La frase forma parte de una explicación a sus compañeros o lo que sean, -de uno de ellos probablemente salió la grabación-, en la que intenta convencerles de que aprobar unos presupuestos es una mala estrategia para un año electoral porque, sencillamente, no podrán “vender nada”. Es decir, pueden prometer la luna, que luego será imposible usarlo electoralmente porque así lo prohíbe la ley. A esto se suma que tras dos años de pandemia, en Andalucía, se mire como se mire, los recortes son visibles en centros de salud cerrados, centros de día para ancianos que no adjudican porque muy pocos aceptan las condiciones de contratación de la Junta y un sinfín de problemas que poco a poco han ido calentándose en la cazuela de los despropósitos, hasta que ha mutado en olla express.

Marín se enfrentó a la entrevista con un problema de partida, la soberbia del político que se cree a una altura que no tiene. No estaba preparado más allá de un burdo argumentario en el que lo más brillante que se le ocurría decir era que: “Esa conversación pertenece al entorno de lo privado”. A Barceló, literalmente, le duró el vicepresidente de la Junta de Andalucía dos minutos. Tuvo tiempo de sobra para golpear, noquear, dejarlo levantar y asestar un KO por pena, porque podría haberle torturado durante todo el tiempo que hubiese querido.

Y no, no se trata de una entrevista mas, sino del punto final a la carrera política de un partido que en Andalucía ha tenido mejores resultados que en ningún otro lugar. Aquí se les identificó como ese espacio político donde cabían los que estaban hasta el gorro de PP y PSOE, pero al final han demostrado ser lo peor. Han hecho bueno aquello que más vale malo conocido, que lo bueno por conocer.

Ciudadanos, su máximo dirigente, un vicepresidente de la Junta de Andalucía, proponía, directamente y sin ningún tipo de compasión o remordimiento hacia los andaluces, prescindir de un presupuesto ajustado al momento actual para que, sencillamente, le cuadrasen las cuentas electorales. Puede interpretarse como una estrategia del tipo morir matando o, sencillamente, como un sálvese quien pueda y vamos a intentar que estos nos den cobijo, por el PP claro.

Encima, sin saberlo, le ha hecho a Juan Espadas, el candidato del PSOE a la Junta de Andalucía el 75% de la campaña electoral, porque ya sabemos todos que las cuentas de la Junta tienen recortes y serios, y no porque lo diga la oposición, sino porque lo reconocen ellos mismos.

En comunicación, que es como decir en política, una de las patas que te hacen mantener el equilibrio es no perder nunca de vista tu verdadero yo. Es decir, quién soy, hasta dónde puedo llegar, las limitaciones de mis conocimientos y, sobre todo, respetar, temer y estudiar al adversario.

Presentarse en chanclas a una entrevista con una verdadera animal del periodismo es, sencillamente, como entrar chorreando sangre en la jaula de un león.

Y lo mejor de todo ni tan siquiera es la crisis política que se ha generado en apenas unos minutos. No, lo mejor de todo es que un medio de comunicación ha plantado cara pese a saber que esa entrevista le puede costar enormes contratos de publicidad.

Aunque tal y como se ha quedado el patio, también les aseguro que, hoy por hoy, no hay huevos de tomar las represalias de este tipo que tan acostumbrados están a tomar.

Un KO en toda regla.

KO a Ciudadanos
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