miércoles 1/12/21

Jaque a la Constitución

Javier Salvador, teleprensa.com
Javier Salvador, teleprensa.com

¿Por qué hacer trampas fuera de la ley, siendo tan cómodo hacerlas dentro de ella? La misma pregunta que en cierta ocasión debió hacerse el diplomático italiano autor de la cita, Carlos Dossi, seguro que se la hicieron en el partido político que cree haber ganado la batalla de la renovación del Constitucional, situando a Enrique Arnaldo como magistrado del alto tribunal. Pero sinceramente, creo que Pablo Casado se ha disparado en su propio pie. Otra vez.

Es una cuestión de mera comunicación, de mensaje, y sólo es necesario activar un par de emociones con cuatro estrategias básicas para desencadenar la tormenta perfecta. Y me explico.

El tal Enrique Arnaldo es, para toda España, el magistrado del Constitucional puesto a dedo. Como lo son todos, pero él mucho más sangrante. Ex imputado, bien cobrado por servicios particulares siempre al mismo bando o banda, y además extraordinario mentor en derecho, porque gracias a su apoyo Pablo Casado aprobó 12 asignaturas en cuatro meses. Quiere decir, que sus compañeros de tribunal, o le reciben con las pinzas para nariz que dejaron en los escaños PSOE y Podemos, o dimiten en bloque como rechazo al descrédito que ha supuesto este nombramiento fruto de una auténtica extorsión política para renovar los órganos del Poder Judicial. Vamos, que se la han clavado.

Lo primero es pensar eso de ¿Y por qué le votaron? Pero la cuestión no es esa, sino quién gana mas. Por ejemplo el Gobierno, a quien le están tumbando los confinamientos del Estado de Alarma por la Covid, ahora sólo tiene que decir eso de “bueno otra del Constitucional, y ya sabemos quién tiene la mayoría”. Absolutamente lapidario.

Pero los que realmente se pueden poner las botas son grupos políticos como ERC, Podemos, Bildu y cualquiera que quiera poner en duda una sentencia del más alto tribunal español sólo con preguntarse en voz alta “¿Quién la firma Enrique Arnaldo?”

La situación es tan surrealista que se abre de par en par la justificación que faltaba para plantearnos de lleno la reforma constitucional en la que no sólo debe modificarse, como es obvio y hemos aprendido, el modelo de elección de jueces, de todos ellos, para que sea el pueblo, la gente de la calle, quienes decidamos no sólo sobre el cómo, sino que toca aprovechar para aquellas cuestiones históricas que los constituyentes, quienes la redactaron en los años posteriores a la muerte del dictador Francisco Franco, no se atrevieron a trasladar al papel por el miedo cierto y sensato a nuevos levantamientos militares.

Arnaldo es la llave y aquel que se atreva a girarla tendrá en su mano el despertar de una sociedad que quiere cambios reales, de calado, pero que no encontraba un detonante lo suficientemente potente para explotar.

Pues eso, ya está.

Jaque a la Constitución
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