Javier A. Salvador, teleprensa.com
Hay vida después de la política, es cierto, y sólo el buen político es capaz de asumirlo, de darlo por hecho antes empezar su carrera en un medio que aunque parezca maravilloso por darte la posibilidad de saborear las miles del poder, realmente es un territorio hostil. Pero para pensar así hay que tener muy claros determinados principios que, ciertamente, se ven más a flor de piel en unos pocos mentores y en aquellos candidatos jóvenes, formados, con carácter y, sobre todo, con experiencia laboral antes de dar el paso a lo público, porque empezar directamente en estas labores del mandar, sin haber pasado por la casilla de salida de la vida real, termina transformando a algunos sujetos en auténticos tiranos políticos y en Almería el ejemplo más claro puede estar en el secretario general del PP, Aureliano García.
Pero el gesto de ayer, el que realmente importó fue el de hacer desaparecer de manera inmediata a un cargo público que, siendo culpable o no, ha sido imputado por un juez por su presunta relación con una trama en la que se conjuguen factores como dinero público y cargos públicos. Así, el exportavoz del PSOE en Roquetas de Mar, Juan Fernando Ortega Paniagua, no tuvo otro camino que anunciar su inmediata dimisión de todo antes de que sus compañeros se viesen obligados a tomar la única decisión posible en una situación como ésta, que sería la expulsión con deshonores.
Ahora bien, en esta misma localidad, Roquetas de Mar, el alcalde Gabriel Amat y al mismo tiempo presidente de la Diputación Provincial de Almería y del Partido Popular en la provincia, está igual de imputado que Ortega Paniagua. Le atribuyen un delito en el que también se conjugan factores como dinero público y cargos públicos, a él y a la mayor parte de su equipo de gobierno, pero la soberbia de quienes tienen miedo a ese post partido, al día después de dejar la política, les hace amarrarse al sillón creyendo que no hay más verdad que su propia interpretación de lo ocurrido.
¿Hablamos de Roquetas? Pues sólo les voy a dar dos apuntes sobre las dos mayores vergüenzas urbanísticas de la provincia y Algarrobico no les hace sombra. La primera es la construcción de un centro comercial de manera ilegal por uno de los empresarios juzgados en el caso Malaya. Bien, los terrenos en los que se ubica los vendió una sociedad en la que, casualmente, aparece la señora Pintor, esposa de Gabriel Amat entre todos esos papeles. El segundo caso a tener en cuenta es el desmonte de los acantilados de Aguadulce, una obra utópica porque alguien dijo que sería imposible que se concediese esa licencia. Pues la concedieron y fue un gobierno de Amat, y lo hizo para una empresa en la que estaba el hermano de la señora Pintor, cuñado de Amat. La venta, con licencia y todo lo necesario empezar a construir se hizo por 20 millones de euros, y si hubo 1,8 millones de dinero negro, 1,836 o nada, eso sólo lo saben los que vendieron compraron, los que compraron y aquellos que recibieron, si alguien recibió. Y claro, la obra se empezó y un juez la paró. Años después, como el centro comercial, resulta que es ilegal.
¿Puede decirle alguien a Amat que hay vida después de la Política? Cómo puede la delegada del Gobierno en Andalucía, Carmen Crespo, llenarse la boca con su preocupación por el uso que se daba al dinero dedicado a la formación de parados desde la Junta, cuando su jefe de filas en Almería está imputado por un delito urbanístico del carajo y no tiene valor ni de decirle al oído que debería marcharse.
Verán, alguien que se dedica a la política me ha dicho, mientras que hablábamos de futuro eso de “¡para el carro! que hay vida después de la política” y eso me ha hecho confiar en que de verdad podemos recuperar la normalidad en las instituciones, en la sociedad, pero antes, como le decía María Natividad Blanco a nuestro columnista Marcial Vázquez en su muro de Facebook, hay que hacer limpieza profunda, aunque claro, te lo dice la propia Natividad cuando es un perfil falso.
Como decía un viejo amigo, “si hemos llegado hasta aquí es por lo que queremos, no por aquello en lo que creemos” y quizás por ello es por lo que hay que empezar de nuevo.
