Yo he estudiado gratis, ya de muy mayor, porque mi primera titulación era, precisamente, de una entidad privada no reconocida académicamente en aquellos entonces. Creo que hoy sí, que podría convalidarla con algo así como “experto universitario”, pero, como diría uno que vive en las antípodas, sencillamente me la pela. Aquella historia me costó 1,5 millones de pesetas en la época en que lo privado te aportaba ese plus de diferenciación, exclusividad, al que solo accedían unos pocos. Yo me pedí un crédito y, sinceramente, amorticé la inversión.
Años después estudié Derecho y, como en Andalucía si aprobabas un crédito te regalaban otro, pues entre eso y unas cuantas matrículas de honor, solo pagué el primer año de carrera.
Bien, dicho esto, yo sí tengo el modelo muy reciente y puedo hablar con cierta autoridad de ello.
Por ejemplo, he estudiado en la UNED, uno de los mejores inventos de este país. Ahora bien, para mi gusto, lo separaría de las instituciones públicas que intentan hacer de los centros asociados ese lugar en el que dar cariño a personajes que les puedan interesar, en vez de perseguir llevar a los mejores como tutores. Yo he estudiado en la UNED de Almería; he tenido la suerte de contar con algunos de los mejores profesores que podía imaginar, pero también he visto de todo.
Terminé la carrera y la trampa estaba en el distrito único andaluz, en el que, desde que llegó el PP, es como la puerta de entrada para que el máster te lo hagas en una privada. En la pública es muy difícil rascar plaza.
De hecho, mi máster en ejercicio de la abogacía lo hice con la Universitat Oberta de Catalunya, pública y catalana, porque era la única que me daba plaza por menos de 6.000 euros. Máster 100 % online. Que manda cojones.
Pero verdaderamente lo flipé cuando quien evaluó mi exposición de trabajo fin de máster era, precisamente, una profesora de Derecho de la Universidad de Almería, que está como a 2,5 kilómetros de mi casa. Grande. Muy grande.
Mientras estudiaba Derecho, me llegó la información de un tipo que, desde Roquetas de Mar, gestionaba la matriculación en una privada de Madrid, garantizando títulos sin despeinarte. El muy insensato hasta daba el nombre de políticos locales que habían accedido a sus títulos por medio de su red comercial.
Ha sido, y es, un secreto a voces. Te puedes comprar un título. Ojo, y antes también, pero tenías que irte a Panamá, Senegal…
Seamos serios. Universidades privadas como la de Navarra no van a tener ningún problema por muchas nuevas regulaciones que aparezcan, pero lo cierto es que hay un montón de chiringuitos que, con una web y un nombre en latín, tienen el negocio que, a mi juicio, sencillamente les permiten las universidades públicas.
Y esa es la otra historia, porque hay que preguntarles a sus profesores si prefieren competir contra ellas o darles unas clasecillas en sus programas de máster.
Quiénes son los catedráticos que les dan nombre, de dónde vienen, o qué ostias compaginan.
Pero vamos, que esto es como el médico que no tiene tiempo ni medios para operarte en la pública, pero te da cita para abrirte por 11.000 euros en la privada dos semanas más tarde.
Nos lo tenemos que hacer mirar. Así de sencillo.
