viernes. 21.06.2024

Algunos intentarán minimizar lo ocurrido en Alemania con el pronunciamiento contra la ultraderecha de las 30 mayores empresas del país, algunas de ellas también de las mayores del mundo, pero inequívocamente esto va a cambiar… Y a algunos les ha pillado con el paso cambiado.

Que los gigantes de la economía, los que crean empleo y desarrollan tecnología digan que hasta aquí se ha llegado con la permisibilidad a la ultraderecha es mucho más heavy o importante de lo que podamos creer. No se trata de que hablen de extremistas de uno u otro lado. No. Señalan directamente a los nostálgicos del nazismo, el franquismo o la Italia de Musolini. Y para dejarlo muy claro nos piden que nos centremos en tres ejes muy concretos:  libertad, dignidad humana, diversidad, justicia y tolerancia. Nada de diferencias por lugar de nacimiento, raza o religión.

Se dice basta a la violencia que este boom de los ultras está generando en la sociedad por los peligros que conlleva. Peligros reales como ver desfilar por las calles, de un momento a otro, camisas pardas, negras o azules en formación y con los brazos en alto. 

Cordón sanitario a la incultura del racismo, la intolerancia del que se cree de una raza superior, y no se da cuenta de que Europa es nada en comparación con África, por ejemplo. Que dependeremos de ellos y sus recursos naturales, de su mano de obra, de su evolución como mercados de destino para mantener nuestro propio modelo de bienestar.

Si señalamos al negro, al moro, y les hacemos la vida imposible de tal manera que hasta una tercera generación de emigrantes se siente desubicada, tenemos un problema. Si esa situación se da mientras crecen los partidos xenófobos o racistas, que señalan al inmigrante como origen de la inseguridad ciudadana entre otras muchas barbaridades, lo que estamos creando son enemigos. Alimentamos un rencor que con el tiempo saldrá a flote.

Los gigantes alemanes como Mercedes, Siemens, Bayer, BMW y así hasta treinta de ellos por ahora, han dicho basta. Le piden a sus empleados que no voten a partidos de extrema derecha. Para que hagan esto públicamente, quiere decir que internamente estarán moviendo cielo y tierra, apostando recursos, para quitar de raíz este problema.

Y en España qué. Pues sencillamente a la espera de lo que haga Botín, tanto por ser la presidenta del Santander como por ser mujer. Alguien tiene que levantar el teléfono, privadamente, y decirle a Feijóo, por ejemplo, que ha sobrepasado todas las líneas rojas en el asunto de la inmigración durante las elecciones catalanas. Alguien debe decidir que sus entidades financieras no prestarán dinero a los partidos de extrema derecha o las empresas que los apoyen.

Y todos, como consumidores, tenemos la responsabilidad y la obligación de centrar nuestro consumo en quienes han dado este paso. 

Y por qué no, nosotros mismos, los medios de comunicación tenemos que dar el paso y cerrar la puerta a esos partidos de una vez por todas.

Aquí no se salva nadie.

Guerra a la ultraderecha desde Alemania
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