Javier Salvador, periodista
Imaginen que la Dirección General de la Guardia Civil decide detener a Mariano Rajoy, presidente del PP, porque su gente se dedicaba a recibir trajes de regalo, comisiones por contratos y cosas por el estilo, al amparo de las siglas del partido que él preside. Imaginen ahora que la Policía española se va a la fábrica de los M-16, Colt Defense, y detiene a sus directivos porque el uso de esas armas ha provocado un enorme dolor en todo el mundo y generado pérdidas descomunales en distintos países. Como en España impera el principio de justicia universal, no sería una idea descabellada, ya que la empresa en cuestión no sólo debe preocuparse de producir armas, sino de velar porque su uso sea el debido si seguimos los mismo criterios que con Megaupload.
También podemos imaginar que la Audiencia Nacional pone en búsqueda y captura a Harold Brown, principal ejecutivo de la tabacalera Philips Morris porque su producto causa adicción, puede producir cáncer y, además, genera unas pérdidas terribles en el sistema sanitario de todos los países del mundo. Por la misma regla de tres, podemos demandar a Patricia Abril, presidenta y directora general de MacDonal´s España, como colaboradora necesaria en los problemas de obesidad de muchos de los niños que arrastran su culazo hamburguesero por este país. Pero la primera pregunta que deberíamos hacernos es ¿La culpa es de ella, o de los padres que permiten a sus hijos excederse en el consumo de hamburguesas y no completar su dieta con otros alimentos necesario? Podríamos preguntarnos si la culpa de los crímenes que se cometen con los fusiles M16 es de sus fabricantes o de quienes aprietan el gatillo, si el cáncer lo provoca quien vende el cigarrillo o aquél que se fuma tres paquetazos al día.
Está claro que la Guardia Civil no va a detener a Mariano Rajoy por no haber controlado a sus chicos de Valencia, pero si tan claro tenemos todo esto, qué carajos hacemos de brazos cruzados cuando el FBI clausura una web porque la gente la utiliza para bajarse películas. Ojo, también los había que utilizaban ese espacio de servidor que pagaban para transferirse archivos terriblemente pesados y cosas menos malas. Lo que quiero que entiendan es que mañana un loco puede cerrar Internet porque un grupo salidos se pasan fotos de niños en bolas. Y de paso, que cierren ayuntamientos y diputaciones en prevención de casos de corrupción.
En parte entiendo la detención del creador y dueño de Megaupload, porque una vez vista la pinta de Kim Schmitz se merece que le metan en Guantánamo y tiren la llave al fondo del mar por hortera, grotesco y no haber sabido gestionar su propio éxito. Eso sí, hay que reconocer que la casita que tiene en Nueva Zelanda genera una envidia del calibre quince.
Pero aunque viendo a este tipo se te quiten las ganas de ser millonario,- bueno realmente no del todo-, no podemos dejar de sorprendernos cuando se toman decisiones tan arbitrarias como el cierre de este servicio de Internet. En todo caso tendrían que actuar contra quienes suben películas y las piratean y, sobre todo, contra quien subió las películas de Fernando Esteso por su mal gusto y el uso innecesario de espacio en red, pero esa otra guerra en la que algún día tendremos que entrar.
Sí, hay que ponerle fin a la piratería en Internet, pero creo que antes de venir a darnos lecciones a los demás, el FBI tiene problemas mucho más gordos que resolver.
