martes. 27.02.2024

La manifestación, reunión o picnic de miles de militantes y simpatizantes del PP de toda España en el barrio de Salamanca, en Madrid, es sin duda alguna una expresión multitudinaria e importante de apoyo a un líder o una causa. Y ojo que la una no sobrevive sin la otra. 

Pero las cosas hay que ponerlas en contexto, compararlas y tomar perspectiva de lo que representan. De la fuerza que realmente pueden tener y su impacto en la sociedad. Y da igual que demos por buena la cifra de 40 o 65.000 asistentes. En este caso nos quedamos con la mayor para ser justos y generosos. Pero claro, también tomaremos como referencia la cifra mayor que dieron otros en sus propias convocatorias.

Y llegados a este punto no queda otro remedio que comparar esa manifestación con aquellas, del mismo estilo, que se han dado en este país. Es decir, convocadas por un partido o líder político para defender una causa concreta.

Por alusión directa la primera debe ser Cataluña y ahí, la diferencia es notable. Bueno realmente abismal. Frente a los 65.000 del PP en el barrio madrileño de Salamanca, encontramos la Diada de 2012, en la que 2.000.000 (dos millones) de personas se dieron cita en las calles para reivindicar su independencia, su derecho a votar o lo que quieras que hicieran. La cifra, dos millones de almas en la calle defendiendo un mensaje.

Si nos vamos al País Vasco, segundo aludido el domingo en Madrid y con la desaparecida ETA de telón de fondo, tenemos que recordar entonces la manifestación de 19 de marzo de 1989 en la que 200.000 personas, el 10% de la población vasca en esos momentos, salió a la calle para decirle a la banda terrorista, en esos momentos muy activa, que hasta ahí se había llegado. Y de hecho esa manifestación fue el principio del fin de ETA, años en los que el mismísimo José María Aznar hablaba de Movimiento Vasco de Liberación, y no de asesinos o cualquier otro término que usan los suyos a diario.

Las verdades que no queremos entender son que el País Vasco, con 2,1 millones de habitantes y Cataluña, con 7,5 millones, marcan el paso del país. Y no lo hacen exclusivamente ahora, en este momento, sino desde que desaparecieron las mayorías absolutas para las que fue diseñada la obsoleta Constitución Española. Tan obsoleta que permite un Consejo General del Poder Judicial cautivo de un partido que se llama constitucional.

Andalucía, con 8,4 millones de ciudadanos, es la calle de las tapas de ese espacio político. Somos el lugar al que venir a echar unas risas después de las reuniones en los despachos donde se deciden las grandes inversiones del país.

Esa realidad la podemos afrontar desde el odio, el rencor, incentivando la catalanofobia o la vascofobia. Pero también podemos invertir algo de tiempo en estudiar, entender y copiar para adaptar. La diferencia está en ser uno más de los que protestan por cómo y qué se reparte de la tarta, o ser uno de los que deciden las porciones que habrá sobre la mesa. 

Ahora, igual, es interesante volver a revisar las cifras y entender lo que significa multitudinario y para qué sirve.

Expresiones multitudinarias de apoyo
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