miércoles. 03.06.2026

Javier Salvador. Periodista

Hace unas pocas horas he aceptado en mi perfil de Facebook una nueva amistad, la de una persona que utiliza la red para anunciar que no tiene recursos de ningún tipo y pide ropa de las tallas l o xl, zapatos del 40 y pantalones de la 40 o 42. Líos con la familia, el trabajo que se acabó y está acogida en la casa de una señora que le ha dejado un lugar donde quedarse, en un cortijo junto a la Universidad de Almería.

Y sólo pide eso, algo de ayuda. Y a mi, independientemente de las particularidades de esta historia, su llamamiento me ha conmovido.

Conozco algunos otros casos similares, igual no tan extremos, pero reconozco que hay que tener mucho valor para quitarse la careta y gritar abiertamente un desesperado ¡auxilio!  Siempre piensas que habrá alguien de la familia que pueda acogerte, ayudarte, ampararte, pero empiezan a darse situaciones en las que cada uno piensa en su propia supervivencia, y no queremos darnos cuenta pero parece que mirar hacia otro lado hace que realidad sea menos dura y que al final el aire que respiras te hace menos daño, pero realmente empieza a suceder eso, que te empiezas a hacer daño de tanto suspirar mientras aprietas los dientes.

Estamos llegando  a un punto en el que no nos conmueve nada externo porque mirar lo que le sucede a otros te deprime aún más y ese no es el camino, y mucho menos un sendero hacia la solución.

Sea como sea, con las redes sociales o sin ellas, en las plazas o en las playas, pero de alguna forma tenemos que organizarnos y al igual que fuimos capaces de hacer llamamientos para ocupar lugares emblemáticos el 15 M, tenemos la obligación de generar movimientos similares de solidaridad con aquellos que lo están necesitando.

Y al igual que quedamos en una plaza para revindicar, podemos quedar en un descampado para donar, entregar parte de lo que nos sobre o sencillamente de aquello de lo que nos podamos desprender.

Seguro que alguna ong estaría dispuesta a capitanear una llamada de este tipo, con un fin en este sentido, y que algún creativo publicitario en paro estaría dispuesto a generar una pequeña imagen de anuncio que corriese como la pólvora por internet. Mis esperanzas son pocas en este sentido, pero igual algún concejal de algún Ayuntamiento tiene más corazón que luces y propone un solar, un lugar en el que poder acoger un punto de donación y recogida anónima con el fin de que aquello que no quieran ni lo más necesitados directamente se recoja ordenadamente para destinarlo a basura.

Igual con ello sólo conseguiríamos que durante un día cientos de personas no se colgasen los contenedores de basura en busca de algo con lo que comerciar para luego emplear ese beneficio en algo tan básico como comer.

Igual sólo conseguíamos erradicar esa imagen por unas horas, pero igual también valdría la pena.

Lo que no puede suceder es que estemos llegando a un punto en el que las cartas a cualquier persona empiecen a sustituir aquello de Querido Amigo:, por eso otro de Estimado Indolente.

Estimado indolente
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