Las empresas alemanas, y no una o dos, sino las confederaciones, asociaciones, las grandes y las pequeñas, han tardado apenas unas horas en pronunciarse sobre los resultados electorales en Turingia, es decir, Thüringen. Advierten del grave riesgo que supone la extrema derecha para la economía. Así como lo leen. De hecho, hay un estudio muy completo sobre 900 empresas realizado por el Instituto de la Economía Alemana (IW) en este sentido.
Incluso alguna gran empresa ha dicho abiertamente a sus trabajadores que, si votan a la extrema derecha, que se vayan. Que pidan la baja y se marchen, porque allí no los quieren. Obviamente es duro y entramos en terrenos pantanosos como el de la libertad ideológica de las personas, el derecho de cada uno a sus cosas, la no discriminación, etc., pero, como podríamos entrar en un debate eterno de auténticos besugos, nos quedamos con eso de que tus derechos alcanzan hasta el punto en el que chocan con el de enfrente.
En España sería impensable que una empresa le dijese a sus trabajadores que se marchen si votan a la extrema derecha. Sin embargo, muchos podemitas de rasta greñosa sufrieron verdaderas persecuciones en determinados momentos. Incluso alguno de ellos siendo diputado.
Es decir, nuestro tejido empresarial está más identificado con el dictado de lo que dicen los grupos ultras o derechas sencillamente xenófobas que con los postulados de izquierdas o progresistas.
A diferencia de las empresas alemanas, que le están echando unos huevos del tamaño de campanas de catedral, aquí permanecen callados. Dejando pasar la tormenta, que no salpique, hasta que al final te encuentras con el problema.
La verdad en nuestro país es que no hay gente para la construcción. Pero la COE jamás dirá que necesitamos mano de obra inmigrante.
El campo se queja de la invasión de moros y negros en sus pueblos, así como suena y sin miedo, pero sencillamente no puedes hacerlos desaparecer tras la jornada en el invernadero.
O la más cachonda de todas. Ahora que el consumidor no puede permitirse comprar aceite de oliva, ¿por qué no se pone dura la inspección de trabajo en la recogida de la aceituna? Y me explico.
En este país, el principal motor de movilización es la envidia. Ese “si yo no puedo, que no pueda nadie”. Así que, como no hay quien compre aceite al precio que está, a nadie le va a importar que las primeras deportaciones masivas se hagan a pie de campo, pero a pie de campo de olivar y a la caza y captura de cuadrillas de ilegales. Es un secreto a voces que hay enormes dificultades para encontrar mano de obra, y que muchas explotaciones familiares, tradicionalmente de autoconsumo —demasiadas— venden la producción en el árbol para que la almazara se ocupe de todo. Una limpia de este tipo desde la inspección de trabajo haría, además, que los legales, los que cumplen, puedan hacer frente a esa competencia desleal que les plantean los que usan mano de obra ilegal pagada a 15 euros al día. Total, si vamos a pagar el litro a 10 euros otro año más, de perdidos al río… Y con la cantidad de concejales y candidatos a alcaldías de ultraderecha que hay en el mundo de las almazaras, haríamos saltar más de una liebre.
A que no hay huevos.
