domingo. 16.06.2024

Las elecciones autonómicas del País Vasco han servido para mucho, tanto como cuantos análisis se pretendían hacer de un momento político tan desagradable, que no extraño, como el que se vive. Pero lejos de las lecturas que puedan hacerse por unas u otras siglas en territorios que nada tienen que ven con Euskadi, salvo el hecho de compartir la misma nacionalidad constitucional, hay dos cosas que realmente deberían llevarnos a reflexionar en regiones como, por ejemplo, Andalucía, Murcia, Extremadura… y todo aquel territorio que no tenga un mínimo recorrido nacionalista.

La primera, y eso ya es un hecho realmente importante, es que en estas elecciones se ha gastado el último cartucho que quedaba en el arsenal respecto a ETA y el terrorismo. Ya no vale para quitar votos. La sociedad vasca tiene tan claro que ese debate está amortizado, fuera aparte de los pasos internos que tengan que dar, que han lanzado un mensaje de extraordinaria madurez: “vamos a lo que vamos”. Muy vasco es eso de que si vas al monte a recoger setas, no te pongas a buscar Rólex, porque te quedarás sin ni una ni otra cosa. Y en estas elecciones los votantes vascos querían oír hablar de vivienda, sanidad, oportunidades... Y, además, para que nos entendamos, es exactamente lo que ocurre respecto a la dictadura de Franco o la Guerra Civil, salvando las distancias entre una y otra situación, porque más de la mitad del electorado ya nació en democracia y precisamente ese erróneo proceder de la transición de tapar y silenciar para ayudar a olvidar, generó que apenas medio siglo después Vox y otros lobos con piel de cordero luzcan su nostalgia respecto a la dictadura. Vamos que nunca considerarán el golpe de estado de 1936 como la mayor traición que se pueda cometer contra un estado o al dictador Francisco Franco como un genocida. A la gente ya le da igual, en Madrid y el Bilbao, a cada uno lo suyo.

Y es precisamente ese lo suyo, la otra gran lección que nos dejan las elecciones en el País Vasco. Ni PNV ni Bildu tienen en su ideario a 50 años vista la independencia, pero juntos representan a casi el 70% de los electores. Y ¿por qué? Pues sencillamente se llama territorialidad rentable, que es algo como el nacionalismo adaptado al ecosistema constitucional.

La sociedad vasca es mucho más avanzada, cosmopolita y formada que, por ejemplo, la andaluza en términos generales. Y ojo, eso se debe a que gozan de unas infraestructuras en su territorio que acercan a todos los servicios públicos que les hacen evolucionar a mayor velocidad, porque lo veamos o no, a más prestaciones más evolución, crecimiento y desarrollo. Obviamente a los vascos les gusta su modelo y saben que es necesario que un partido territorial gobierne o sea la llave de ello o, como en el caso de Cataluña, donde el PSC parece ser el PSOE pero no lo es, porque su tinte territorial está por encima de la sigla general.

En casos como el del PP, la situación es parecida, pero no igual, porque no hay partido más nacionalista en España que el PP de Madrid, y ojo que han conseguido que toda su estructura nacional funcione para, precisamente, favorecer esa diferenciación. Ya se sabe, de Madrid al cielo.

Dos lecciones que son como las lentejas, las comes o las dejas, pero en esta ronda lo que tú no consuma se lo llevan otros. Territorialismo y servicios, nada de historia ni historias para no dormir.

No es nacionalismo es territorialidad
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