jueves. 04.06.2026

Javier Salvador. Periodista

Hasta no hace mucho, todos creíamos que el mundo político es el único que te obliga a apechugar con las decisiones tomadas durante cuatro años sin posibilidad de remediar errores. Lo lamentable de toda esta historia es que han sido los países en teoría menos desarrollados quienes nos han demostrado que lo único inquebrantable en este mundo de crisis profunda tanto económica como moral es la voluntad de las personas y que todo lo demás, hasta las dictaduras, pueden caer.

Escuchar al ministro de Educación definir de comportamiento fascista el de unos estudiantes que le revientan un acto defendiendo precisamente la continuidad de un modelo educativo universal, nos dice claramente que las cosas pueden cambiar, porque sólo hacia falta ver las caras de Javier Arenas o José Antonio Zoido, para darse cuenta de que en esos momentos preferían que se les tragase la tierra a salir en ningún barrido de la cámaras de TV. Sencillamente el país se les ha ido de las manos.

Pero volvamos al asunto del fascismo, porque el ministro hablaba de intolerancia, de diálogos imposibles, de imponer criterios a la fuerza, y claro todo eso recuerda fotográficamente al camino que está siguiendo en su gestión al frente del ministerio, un ordeno y mando sin sentido que como en sanidad, justicia y otras cuantas cosas más, han conseguido lo imposible, que es poner a más del 80% en un mismo bando, es decir, contra el Gobierno.

La situación es tan grave para el PP que debido a esa rebaja al veintitantos por ciento de los apoyos que tenía el día de las elecciones, es decir una caída libre como pocas se recuerdan, están gastando todos los recursos a su alcance para meter en la red el virus de la recuperación.

Te puedes dar perfectamente cuenta de que durante los últimos días, y coincidiendo con la aparición de esas encuestas de intención de voto catastróficas, estamos recibiendo de manera constante mensajes de “salimos”, “empezamos a remontar”, pero a la hora de la verdad recorte que viene y tijeretazo que va.

De hecho, el lenguaje ha cambiado tanto, que muy pocas informaciones sobre medidas de ajuste se van a escuchar en lo sucesivo, y como mucho se dirán que son partes de decisiones tomadas con anterioridad pero que aún no estaban perfectamente definidas.

Para otros la realidad es muy distinta. Tras la crisis financiera los grandes capitales idearon una fórmula que les permitiese recuperar las pérdidas sufridas con la caída de los principales bancos de inversión. Así, a costa de algunos países, España entre ellos, han conseguido limpiar sus carteras y capitalizarse para un mercado de outlet, que es en lo que ha quedado convertida la vieja Europa tras esta crisis.

De conquistadores a invadidos, de altivos y poderosos a sumisos siervos de quienes ponen unas normas que antes se escribían dentro de los límites del viejo continente.

Para que todo esto sucediese era necesario contar con políticos de la talla actual, es decir, personas capaces de todo tipo de traición a su propio pueblo con tal de poder mantener ese estatus que le proporciona el cargo. Pero la pregunta era clara ¿hasta cuándo aguantaría?

Y la respuesta se materializó el día de Sevilla: justo hasta el momento en el que un ministro tiene que suspender un acto porque es abucheado por su clientela, es decir, los ciudadanos.

El modelo recorte se cae
Entrando en la página solicitada Saltar publicidad