Javier A. Salvador, teleprensa.com
El Reino Unido nos vuelve a dar una lección que hunde una vez más todo nuestro invencible orgullo. Sencillamente les envidio porque son los únicos que aún teniendo menos territorio que nadie demuestran ser más grandes que ninguno. Así, mientras en España no somos capaces de reconocer la riqueza de nuestra propia diversidad, y los asustaviejas de la ultraderecha desesperada llaman al miedo afirmando que un gobierno de cambio podría suponer un alejamiento de la doctrina germanoeuropea, un día cualquiera resulta que te despiertas con todo un Reino Unido que, de la noche a la mañana, dice que como las condiciones que se están dando en Europa no parecen contentar lo suficiente a sus ciudadanos, directamente convocan un referéndum para que decida la mayoría si se quedan dentro o fuera.
Y olé.
Hablamos de un país al que todos nuestros jóvenes quieren emigrar. Del idioma que tienes que hablar si quieres ser algo en esta vida, -quizás por eso Mariano Rajoy ya no pinta ni para los suyos-, pero sobre todo del país en el que si a un escocés o a un galés les llamas inglés te miran mucho peor que si a un vasco le dices españolazo. Será porque allí no han hecho la peli de ocho apellidos escoceses.
Y lo más cachondo de todo es que allí nadie les llama independentistas, separatistas ni antidemócratas.
¡Joder! Si hasta tienen una selección nacional por cada una de sus identidades históricas y creo que un par de ellas se han clasificado para la eurocopa. Aunque igual es porque allí no hay Larguero, que si fuese así ya les rondaría Lamorena.
Lo que hay que reconocer es que saben hacerlo muy bien, porque no sólo controlan el mercado financiero, sino que se mantienen siempre a salvo con una moneda propia que, encima, se convierte en refugio para momentos de cierto temor. Y sí, es cierto, momentos de temor como los que se puede producir si el Deutsche Bank revienta cual Bankia, solo que un agujero en la caja fuerte alemana puede ser como la suma de todos los despropósitos de las cajas y bancos rescatados en España, junto a los de Grecia y Portugal, tirando por lo bajo.
Ahora bien, que Dios salve a la Reina, su británica majestad, pero que antes consulte a todos los súbditos suyos que viven fuera, porque puede que empiecen a sentir que es menos graciosa que antes.
El gobierno Británico tendrá que valorar lo que supondrá que un español no tenga los mismos derechos en Reino Unido que un británico en España, por ejemplo.
Está claro que si se recortan las prestaciones de los nuestros allí, aquí no nos vamos a quedar de brazos cruzados.
Bueno la verdad es que sabiendo cómo somos y los españoles, habrán calculado lo fácil que los cruzamos y difícil que es desliarlos, por lo menos en movimientos muy seguidos.
Y puede que les duela a ellos dar hoy prestaciones sociales a los nuestros, pero claro, aquí también atendemos a los suyos y en esa etapa realmente costosa que es la tercera edad, sin que durante sus años de trabajo efectivo hayan estado cotizando a la seguridad social española para construir el modelo del que hoy disfrutan con la misma gracia y picaresca que cualquier español.¿Imaginan el impacto económico que tendría que todos los británicos residentes en la zona de Gibraltar fuesen de la noche a la mañana no comunitarios? ¿Interesante verdad?
Independientemente de todo, lo que realmente envidio del Reino Unido es su facilidad para poner una urna encima de la mesa y dejar que el pueblo decida. Fíjense que hasta el gobierno escocés, que ya ha pasado recientemente por un referéndum sobre su independencia, ha dejado claro que si como conjunto dejan de pertenecer a la Unión Europea, ellos exigirán una nueva consulta sobre su independencia, ya que las condiciones cambian y puede que en ese caso ya no les interese ser españoles, ¡Qué digo!, británicos.
Es decir, que en todas partes menos aquí la democracia es una verdadera forma de gobernar una nación. Que en una monarquía como aquella también se aceptó una consulta independentista y ahora, por si fuera poco, votarán si se quedan o no en Europa.
Pero qué huevos tienen.
¿Imaginan a Mariano Rajoy y al ministro de interior Fernández Díaz en un trance como éste? Seguro que volvíamos a escuchar lo de las hordas judeo-masónico-comunistas que tenían tan obsesionado a ese de cuyo nombre no quiero ni acordarme.
