Desde hace más de 50 años Almería es ese lugar en el que se garantiza la supervivencia de las gacelas que la guerra del Sáhara amenazó con extinguir. Aquí se reproducen en cautividad y garantizan la supervivencia de la especie.
Lo más normal es que como no tiene que ver con la guerra entre derechas e izquierdas, la cuestión importe una mierda del tamaño de una Alcazaba. Pero casualmente, cuando el visitante sube hasta el patio de armas de la Alcazaba de Almería y mira desde la torre de la Pólvora hacia la muralla de Jairán, a sus pies encontrará un tesoro natural único en Europa. Si dejas caer la vista hacia La Hoya te tropiezas con lo que puede parecer un singular mini zoo, pero realmente es un recinto donde investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas trabajan desde 1971 en la recuperación del robusto Arrui Sahaariano y las señoriales gacelas Dorcas saharauis, de Cuvier y la Dama de Honor. Una verdadera pasada de animales que vale la pena ver de cerca. Si eres almeriense o tienes a alguien que te lleve allí, hacerte la ruta senderista entre la muralla de San Cristóbal hasta el acueducto de La Chanca, te permite pasar por las terrazas que en Google te aparecerán como mirador de la Almudayna. Y un atardecer desde ahí, compartiendo espacio con la reserva a tus pies, es una experiencia increíble.
Esas gacelas son animales salvajes que criamos en cautividad para reintroducirlos en su hábitat natural. Dicho de otra manera, el objeto de la finca es reproducir, hacer que nazcan nuevas crías.
Ahora, el Ayuntamiento de Almería, en otro espectacular acierto de la alcaldesa María Vázquez Agüero, no ha tenido otra idea que convertir los aledaños al centro de recuperación en un escenario para eventos musicales al aire libre. Obviamente el espacio es increíble para ello, pero hacerlo de la manera que se ha hecho demuestra que les importa una mierda del tamaño de una Alcazaba el hábitat de todo aquello que no vote en unas elecciones.
Opciones hay muchas, como llevarte los conciertos a otra parte o proponer el traslado del centro de investigación a un lugar que cuente con más espacio, sin el ruido de conciertos y que no esté en pleno centro de la ciudad. Me duele, porque como almeriense siempre he visto ahí esas gacelas, pero también podría apoyar que Pescadería, La Chanca y la falda de la Alcazaba en general necesitan de ese espacio, de ese impulso, para darle una oportunidad a una parte de la ciudad que siempre ha estado condenada a la marginación, cuando es nuestro origen como ciudad y el mejor mirador de toda la capital.
Pero mientras tanto, no se puede entrar como un elefante en una cacharrería, porque habría que preguntar, entonces, quién tuvo la idea de poner un recinto ferial junto a un materno infantil de una especie en peligro de extinción. Qué lumbreras, qué preparación tiene el autor de la idea. Quiénes refrendaron técnicamente la ubicación, sus consecuencias e inconvenientes… y todas esas variables que evitan que un día te levantes y te encuentres con la ciudad llena de carteles con la imagen de un niño y la leyenda de “si dice no, no es sexo, es agresión”. Además de delito pedazo de animal.
Un poquito de orden y sensatez no vendría mal, porque las ocurrencias sin evaluar impactos tienen esas cosas y las gacelas, lo queramos o no, llevan allí más de 50 años. Y digo yo que, aunque sea por la edad, algo de respeto merece el centro de investigación.
La defensa de las #gacelasdealmeria depende, sobre todo, de lo que gente como tu sea capaz de gritar en las redes sociales, porque eso es lo único que importa a la clase política actual, un espacio que es tan grande como imprevisible pero, sobre todo, difícil de comprar.
