martes. 28.05.2024

Caminar por el Paseo de Almería de Almería y sus calles adyacentes es sin duda una experiencia difícil de olvidar, porque jamás se ha escenificado con tanta crudeza el fracaso de una ciudad para convertir su centro neurálgico en un lugar de referencia. 

No importa desde donde llegues, la acera que tomes o el sentido en el que hagas el recorrido. El resultado es siempre el mismo. Un deprimente paisaje de locales cerrados. Carteles superpuestos de agencias inmobiliarias que en muchos casos han perdido el color por agotamiento, castigados por el inclemente azote del sol sin que ni siquiera valga la pena cambiarlos. No hace falta. Igualmente, nunca llamarán la atención. 

Son una prueba palpable de que ese vaciado de la zona comercial de la capital de la provincia de Almería viene de atrás, de años y años sin acertar en los desafortunados, costosos y en muchos casos ilógicos intentos de revitalizar una zona absolutamente masacrada en favor de áreas comerciales. Era obvio, esas nuevas zonas procuraron enormes desarrollos urbanísticos, dinero, dividendos, y en vez de desarrollarlos generando rápidas y frecuentes conexiones con la zona centro al estilo de las grandes ciudades, sencillamente se programaron al margen del conjunto de la ciudad.

Hace muchos años, cuando aún no se había abierto el Centro Comercial Mediterráneo me tocó escribir para un periódico local una pieza comercial, pagada por una agencia de publicidad, con el objeto de atraer a nuevos clientes a esa zona que, en aquellos entonces, era “las afueras”. El problema de los promotores, precisamente, era que la gente se mostraba reacia, en cierta medida, porque quedaba lejos del centro, así que la estrategia fue llamar la atención del lector pintando el desarrollo en torno al tramo norte de la Avenida del Mediterráneo como la oportunidad de comprar barato en el futuro Paseo de Almería, en la puerta de Purchena de 2025. Ni tan lejos me quedé.

El centro muere y su lógica peatonalización choca frontalmente con la ilógica planificación del transporte público. No puedes vaciar de coches una zona en decadencia, si no la atraviesas con tranvías o cualquier otro medio de transporte barato, rápido y frecuente. 

Y es obvio que Almería no tiene tamaño para metro, pero hay mil y una alternativas que, además, se convierten en atractivos que por sí solos ya son un aliciente turístico. Sólo hace falta un poco de interés y creatividad.

Lo que no es lógico es quitar un carril para albergar macetas y mantener un tranco que lo hace intransitable para el peatón. Ni para unos ni para otros.

El descontento, el hartazgo, el grito de la calle que reivindica una solución tiene que palparse de tal manera que sonroje a quienes tienen la obligación de actuar. La forma de hacerlo ha de ser creativa y no es necesario cortar calles ni convocar manifestaciones.

Por ejemplo, protesta pintando la fachada de tu local desocupado de un color fosforito, llamativo, convierte una zona muerta en una explosión de color al estilo del barrio de La Boca, en Buenos Aires, que de ser un lugar intransitable pasó a convertirse en paso obligado de turistas porque su colorido queda cojonudo en los selfis que circulan por redes sociales.

No dejes que tu local muera en soledad. Al menos haz que fallezca llamando la atención y que quienes agachen la cabeza sean aquellos que no han encontrado la solución, y no tu por la ruina que acompaña esa inversión en un local que, a día de hoy, no tiene visos de volver a estar de moda.

La crudeza del Paseo de Almería
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